¡Cuidado: hay gente corriendo tras la grandeza!

Santiago de Cuba, 25 de ene. – Conozco personas que están en eso. ¿Es reprochable? ¿Es negativo que haya gente corriendo tras la grandeza? Calificar las actitudes depende de quién las valora. Correr hacia la grandeza no es una actitud negativa aunque, tal vez sería aconsejable caminar. Los deportistas, que mientras nosotros hablamos de ellos, se parten la vida para conseguir una medalla; los artistas que no duermen para que su obra sea reconocida y socializada; los campesinos que trabajan la tierra con tesón para obligarla a producir; todos ellos andan tras la grandeza. Quienes hacen bien las cosas caminan hacia la grandeza aunque ni se percaten de ello. Eso pasa con los obreros, los médicos, los educadores, los políticos, los trabajadores particulares y un largo etcétera.

Hay personas excelentes que andan tras la grandeza. Algunos se conforman con un reconocimiento, un diploma para ponerlo en un lugar visible de la casa; otros quieren más: llamar la atención de algún medio, una entrevista o una simple imagen de su hacer, una mención en su centro laboral o en su comunidad. Nada de lo anterior debe considerarse negativo.  Y están los que buscan sobresalir a cualquier precio, actitud discutible y costosa porque los precios, que piensan poco en la gente, andan por las nubes. Pero, a pesar de que saben de la consecuencias hay gentes empecinadas en ser más e incluso en tener mucho para ser más. Hay gentes.

Están los que se lamentan. Algunos pronostican resultados relevantes. Se van a eventos – si son internacionales mejor- y si no alcanzan premios, se aprietan el corazón y se dicen que otra vez será, cuando haya un jurado menos parcializado. Eso dicen y abandonan, difieren su proyecto o insisten. La paciencia y la insistencia, que son familia, no son reprochables y pueden ser plausibles. Hay gente para todo. Están quienes precisan levantarse temprano, aburrirse o solazarse en la parada de ómnibus, llegar a donde tienen que ir, cumplir con su deber. Lo importante para ellos en seguir una línea de pensamientoque muchas veces se confunde con otra línea, la de deseo.

Lo mejor de quienes se empeñan en ese combate democrático que se denomina persistir, resideen la convicción de que está proscrito colgar los guantes, tirar la toalla. Eso le sucede incluso a quienes escriben según algunos para los otros, según tú por los otros, por los que tienen tu misma capacidad o mayoreshabilidades, pero no disponen delmedio para mostrarlas. Esta consideración te anima a reconciliarte contigo mismo y a escribir para la página.

Tienes un problema: el otro yo. La naturaleza es tan pródiga que a veces se le va la mano. Ese mismo defecto por exceso lo tiene el lenguaje. ¿Para qué necesitamos el otro yo, si en ocasiones no sabemos qué hacer con el que reconocemos como nuestro? ¿Para qué hacen falta tantas palabras generosas si a menudo no logramos encontrar la que diga con la mayor limpieza y exactitud lo que queremos decir? Pero, pides disculpas a la naturaleza y al lenguaje, a los políticos, a los amigos y a los enemigos, a los indiferentes  y escribes: no tienes opción.

Hay quienes escriben sobre nuestro Santiago, sobre tu ciudad hermosa hasta en sus defectos donde hay tantas cosas por hacer y mejorar. Piensas que deberíamos compartir una creencia: para lograr lo que aspiramos no tenemos otra alternativa que ser mejores en lo que nos toca, aunque la grandeza nos quede grande. Vuelves sobre las palabras, a unas la tomas por la cintura; a otras, por el cuello, te armas de  paciencia, esa misma  que en ocasiones te traiciona: casi siempre consigues trascender el susto. Y vuelves sobre las palabras porque vale la pena intentar escribir por los otros. Bueno, no hay que desesperarse ni seguir exprimiendo la mollera: alguiendirá la penúltima palabra.

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