En prever está todo el arte de salvar

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Santiago de Cuba, 3 de nov.- Este año en que celebramos el aniversario 150 de las gestas emancipadoras de la nación, se hace mucho más entrañable la  tierra sagrada de Santiago de Cuba, testigo y protagonista de hechos relevantes como la epopeya del 26 de julio de 1953 y del primero de enero de 1959, cuando triunfó la Revolución.

La ciudad indómita muestra intacta su ancestral rebeldía y el heroísmo que la colocaron desde antaño en un alto pedestal en la historia de la Patria, porque como dijo el Héroe Nacional José Martí: “Lo que nace del fuego patriótico perdura”.

También hay que aprenderse otra lección: Lo que germina  y prospera por obra del trabajo creador, que como orfebres van forjando las manos de hombres y mujeres de estos tiempos, debe preservarse igualmente, de lo contrario estaríamos agraviando tanta gloria.

 Las obras edificadas este año como saludo al aniversario 65 del  asalto al cuartel Moncada, y otras que se acometen por el aniversario 60 del triunfo de la Revolución, bien merecen que se fomente  una cultura hacia el cuidado permanente de lo que todos disfrutarán.

El quehacer constructivo que incluyó inversiones nuevas, remodelaciones, remozamientos, ampliaciones, imprime un sello de renovación y modernidad que realzan la legendaria urbe, apreciado por quienes transitan sus calles,  ya sean compatriotas o  foráneos, con el criterio de que vale la pena empeñarse en preservarlo.

 Seguramente por su impacto  social, su influencia en  la calidad de vida de los santiagueros y santiagueras,  se destacan las obras vinculadas a los servicios  y  la gastronomía, de los sectores más beneficiados con la apertura  de cafeterías o restaurantes que invitan a degustar variados y exquisitos platos.

Responsable de tanto bienestar es el movimiento social Santiago arde de patriotismo, mediante el cual inversionistas, constructores y trabajadores de numerosas empresas se empeñaron por la calidad,  el buen gusto y el confort, y que ahora los colectivos de cada lugar deben cuidar como casa propia.

El rescate y conservación de valores patrimoniales; obras en hospitales para beneficio de la salud, así como espacios para alimentar la vida espiritual de la ciudad, resumen ese afán constructivo, que debe transformarse en un ejército de guardianes por el mantenimiento. 

Hay que educar especialmente a los jóvenes y a los niños y niñas, con el objetivo de enraizar en ellos una cultura  que fomente costumbres y prácticas de protección de la propiedad social.

n papel preponderante, en el sentido de salvaguardar la pertenencia colectiva,  lo tienen los trabajadores y directivos de cada  unidad o instalación  entregada, a quienes corresponde dar el primer ejemplo.

Urge pensar como parte de la realidad cotidiana igual que Martí, porque  “En prever está todo el arte de salvar”. De esa manera  aportaremos en aras de legar a quienes están por venir estas obras que nos enriquecen como seres humanos y como pueblo.

 Es una deuda con todo ese hermoso regalo de la Revolución en su aniversario 60 a un pueblo noble y agradecido como el de Santiago de Cuba.

Por: Aída Quintero Dip.

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