La unidad, baluarte y fortaleza en un país como Cuba

Santiago de Cuba, 13 de nov.- Alta significación y trascendencia tiene para los cubanos el concepto de unidad, porque es símbolo de victoria de los mayores empeños y de los más puros ideales de los hombres y mujeres de la Mayor de las Antillas en su acontecer histórico desde 1968 hasta hoy.

Representa un baluarte y una fortaleza imposible de franquear, ya que en la unión está la fuerza y numerosos ejemplos confirman que cuando, por determinadas causas, no se ha sido consecuente con su práctica hemos constituido blanco de reveses.

La Guerra de los Diez Años, primera gesta por la liberación del yugo colonial, fracasó básicamente por la falta de unidad de los mambises, pues en desunión entre sí marchaban la Cámara de Representantes, el Gobierno de la República en Armas y el Ejército Libertador, y tampoco se logró el mando único sobre todos los territorios en campaña.

División fue el origen esencial que condujo al claudicante Pacto del Zanjón, esa indigna paz sin independencia ni abolición de la esclavitud; pero Antonio Maceo, con tanta fuerza en la mente como en el brazo, salvó la honra y el decoro del pueblo con la Protesta de Baraguá, hecho devenido en paradigma de intransigencia revolucionaria de la nación.

También por el divisionismo, igual destino trágico corrió la Guerra Chiquita que estalló a continuación de la Guerra Grande, en la cual prevalecieron el factor racial y la carencia de una preparación adecuada para una contienda de tal magnitud.

Por eso José Martí, interpretando la necesidad histórica de la unidad, derivada de esas dramáticas experiencias, creó y lideró el Partido Revolucionario Cubano y desarrolló una obra colosal para cohesionar a los veteranos y a los pinos nuevos, y eliminar las contradicciones de diverso carácter existentes en las filas de los patriotas, para reanudar con éxito la Guerra Necesaria.

Con tal antecedente y gracias a la genialidad de Martí, el Titán de Bronce, asimismo, había llegado a la conclusión de la urgencia de un Partido único de la independencia y siempre defensor de la unidad.

Precisamente, en carta a Martí de 1888 el patriota afirma que la unión de los cubanos ha sido “el ideal de mi espíritu y el objetivo de mis esfuerzos (…) sin ella serán estériles todos nuestros sacrificios, y se ahogarán siempre en sangre nuestras más arriesgadas empresas”.

Ese espíritu unitario no fue solo patrimonio de los próceres de la soberanía nacional; identificó los sueños de los que nacieron después; fue bandera de la generación que asaltó al cuartel Moncada en 1953, de los combatientes de la lucha clandestina y de la Sierra Maestra, de quienes protagonizan y defienden las conquistas de hoy.

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Aida Quintero Dip

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