¿Por qué yo?

En una de esas charlas que ofrecía en una ocasión el Centro Provincial de Educación para la Salud sobre el Programa Materno Infantil, se llevaba en una ocasión el tema de una pregunta frecuente en un grupo de personas lo mismo en el seno de la familia que en el ámbito laboral una vez que uno o varios detalles no le han salido bien. ¿Por qué yo?

Por supuesto, el por qué yo, bien se explicaba, entraña una interrogante subrayada como egoísta en individuos capaces de ver la vida color de rosa sólo para ellos, sin tener en cuenta que para todos en algún momento tiene sus molestas espinas.

Y precisamente ayer recordé la charla, cuando un joven que pretendía entrar a una de las camionetas de pasajeros sin nasobuco y el machacante se lo exigía explicándole que era por su bien, hizo entonces la pregunta… ¿Por qué yo tendría que enfermarme?

Sólo hubo una respuesta… ¡Por negligente, por desobediente, por desconsiderado!

Muy bien, me dije… Pero recordé lo que en aquella oportunidad copiaba una vez que se presentaba el caso de una madre bebedora en extremo, fumadora, que no pudo lograr su bebé casi a término y también cuestionaba… ¿Por qué yo entre tantas que hacen lo mismo?

Y es que sí…  Algunas personas están poco preparadas para enfrentar la vida con optimismo una vez que tienen un problema ante sí e incluso llegan a estresarse tanto al más mínimo asomo de una situación no esperada y la convierten de un pesar soluble, en una hecatombe de alta consideración.

Y no se trata de dejar atrás los problemas o tomarlos con poca seriedad, sino lo importante es afrontarlos con la valentía, la entereza y la voluntad de resolverlos teniendo en cuenta que quien persevera triunfa, pero antes debe estar presente la prevención.

Es el caso a la vez de adultos mayores que cuando se enferman se desesperan por buscar una cura inmediata y si tarda un poco la dolencia se preguntan… ¿Por qué yo? Sin tener en cuenta que con la edad es casi natural vivir con determinadas patologías.

Peor ocurre y más egoístas se delatan cuando el facultativo les anuncia la posibilidad de tener una enfermedad de difícil cura como la diabetes, problemas serios del corazón, hipertensión arterial severa o le detectan una tumoración… Con más razón se hacen la pregunta… ¿Por qué yo?

Me leía un artículo sobre el particular y corroboraba lo que pienso… A nadie por lo general se le ocurre hacerse la pregunta el por qué yo cuando recibe un premio, una condecoración, realiza una gran hazaña, o es beneficiado de uno u otro modo… Entonces realmente encuentran que el estímulo es sobradamente merecido.

El por qué yo, se decía, está reservado sólo para esos momentos en los cuales la persona siente infortunios, desgracias, instantes de tristezas, congojas, abatimientos, angustias, desesperaciones, desagravios, mala fortuna, y desagradables noticias… ¿Es así verdad?

Y supe más… Aunque es dable la pregunta por qué yo en los adultos, es desde niño o niña que comienza a desarrollarse en casa el interrogatorio del por qué a mi, propio de los infantes. ¿Por qué me castigan a mi si mi hermano hace lo mismo? Indagan no siempre con un sentido de la justeza, sino con la posesión egoísta de que el otro pase lo mismo o esté peor y bien se recomendaba, enseñarlos a que deben pagar por sus culpas, cuando ocurren cosas por negligencias o conductas inadecuadas ante la vida.

Malos hábitos alimentarios, llevan a una obesidad que a veces no entendemos. No hacerse la mujer un autoexamen de mama tal y como se recomienda, la llevan a perder hasta la vida; mientras que el temerle en demasía al médico en el caso de los hombres, los lleva a asistir cuando el caso ya no tiene remedio.

Finalmente… Evite la pregunta ¿Por qué yo? Sobre todo delante de esas personas que están a su lado bien felices o tratando de salir al frente a una situación nada agradable y de momento usted le quita el aliento cuando con su posición para sí, no le deja escapatoria al buen pensamiento.

Ver la vida dotada de toda esperanza en estos tiempos de pandemia y tomar las medidas que exige hoy el Consejo de Defensa, lleva a evitar momentos de infortunio como parte de un existir en la cotidianidad de un cada día que sólo exige un adecuado comportamiento en función de evitar contagios… ¿Por qué yo no me busco ser más feliz? Es lo que debe preguntarse cada mañana, desde que se levanta cada día…

Deja una respuesta