Producir alimentos desde dentro, una prioridad

Si producir alimentos desde dentro es hoy una prioridad y también un desafío para Cuba, con el objetivo de alcanzar la tan ansiada soberanía alimentaria y nutricional, ese noble propósito adquiere en estos difíciles tiempos un carácter casi de urgencia.

  En momentos en que la crisis económica global impacta y se prolonga por el mundo con lógicas afectaciones para la isla caribeña, se hace más necesario que nunca promover eficiencia en los programas dirigidos a asegurar la alimentación del pueblo, sobre todo en el aprovechamiento de esa fuente inagotable que es la agricultura en su diversidad de renglones.

  En un país agrícola por excelencia el empeño está en hacer producir la tierra, empleando los mejores métodos y técnicas en aras de aprovechar sus bondades que son valiosas y múltiples si hay ingenio, creatividad, dedicación e intención de sacarle los frutos que ella es capaz de ofrecerles a los seres humanos.

  La máxima martiana de que la tierra sirve si el hombre sirve es una guía infalible que ha dado resultados en disímiles lugares de la geografía, porque no hay suelos que se resistan a producir si el agricultor los cuida, atiende integralmente los cultivos y estimula las buenas prácticas en pos de que se generalicen y aporten al desarrollo.

  El cultivo de cuantos productos agrícolas puedan garantizar el plato en la mesa de los cubanos es tarea de primer orden, pues no es posible darse en esta época el lujo de tener tierras ociosas, terrenos baldíos que propicien el crecimiento de malas hierbas, ni áreas desaprovechadas donde no se favorezca la siembra de ñame, yuca, plátano, calabaza, malanga y otra viandas muy demandadas por la población.

  Otro frente que hay que atender con celeridad es el de la agricultura urbana y suburbana; abundan ejemplos de resultados meritorios en este sentido y de personas que cultivan tomates, coles, ajíes, ajos, berenjenas, habichuelas, cebollas, lechuga y otras verduras en los patios de sus viviendas, azoteas, balcones, terrazas, con ingenio y el deseo de aportar y, a la vez, beneficiarse con su consumo.

  Los campesinos están acostumbrados a sudar la camisa porque son gente laboriosa e insistente en el trabajo, además saben que este tiempo es crucial para demostrar ese apego a la tierra, madre de tantas riquezas, que es capaz de ofrecer todo lo que los labriegos se propongan, si hacen bien las cosas.

  Poner la ciencia y la técnica en función de incrementar la producción de alimentos  para el pueblo es otro reto de quienes se ocupan de la tierra, una asignatura pendiente en muchos lugares y que es preciso poner en práctica con urgencia; se  ha demostrado su valía, con ejemplos concretos de científicos e investigadores que trabajan en los temas de soberanía alimentaria y nutricional. 

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