¿Qué ciudad y qué santiaguero queremos?

Santiago de Cuba, 11 de nov. – El 28 de septiembre de 2019 en la tarde le hice la pregunta a cinco o seis de los asiduos que platican habitualmente en el parquecito aledaño a La Raspadura, el corazón de mi barrio. En la noche, en la fiesta donde los Comités de Defensa de la Revolución celebraban sus 59 años, se lo pregunté a algunos de mis vecinos. En la primera clase del curso hice la misma pregunta a mis estudiantes de segundo año de la carrera de Comunicación Social. Desde el pasado año interrogo a los periodistas de los medios nacionales cuando nos reunimos para analizar las actividades del mes.

Durante la última década intento hallar una respuesta en libros, periódicos, discursos y cualquier otro documento capaz de ayudarme a entender: ¿cuál ciudad y cuál ciudadano necesitamos? Esa es la cuestión. A pesar de la diversidad de criterios hay coincidencias suficientes para hablar de consenso. La generalidad de los santiagueros quiere que su ciudad continúe siendo lo que es, que mantenga su identidad y que sus habitantes nunca renuncien a ser lo que son, lo que los distingue. La gran mayoría, y me sumo, queremos cambios para vivir mejor y ser más plenos.

Por otro lado, el optimismo no puede soslayar dos realidades. Hay aspectos de la sociedad santiaguera en su conjunto que habrá que rediseñar. Parece una contradicción, pero no lo es: para mantener lo que somos tenemos que cambiar, que superarnos a nosotros mismos; y no podemos esperar que todos asuman positivamente nuestro proyecto; habrá quienes necesiten 100 años para ser lo que pedimos y habrá quienes nunca lo consigan aunque se le propongan: para cabalgar con realismo, al optimismo hay que ponerle bridas.

Pero, en fin: ¿qué ciudad y que ciudadano queremos? Trataré de resumir algunos criterios en los cuales se sustenta el mentado consenso. Enfatizaré en los elementos más complejos pues, no creo que podamos transformar a mediano plazo a todos las personas aunque no debemos renunciar a intentarlo.

Según afirma Rosa Mirian Elizalde, Fidel Castro, el Líder Histórico de la Revolución Cubana, en momentos en que el país atravesaba por la crisis denominada periodo especial afirmaba:
“se puede ser pesimistas tácticos, pero hay que ser optimistas estratégicos”.

Los santiagueros tenemos que rechazar con vehemencia la corrupción, las indisciplinas sociales, la chapucería y la violencia. Trabajar por mitigar el burocratismo, que tanto irrita; poner en su lugar a los hipócritas, a los dueños de la doble moral. Hay que apelar al sentido común cuya ausencia lo convierte en pariente de la indecencia y la descortesía; desterrar las actitudes conformistas, las justificaciones banales que en vez de informar desinforman y la crítica irresponsable, esa que afecta a la sociedad toda.

Para estar en sintonía con los nuevos tiempos donde la consolidación del nuevo modelo económico social, a pesar de las dificultades, avanza; es preciso trabajar más, velar porque cada cual haga bien lo que le corresponde, defender la cultura del detalle y la palabra empeñada. Trabajar con eficiencia y austeridad, apreciar el concepto pensar como país, que no es más que razonar y actuar colectivamente. Machucarle las costillas al individualismo mezquino y egoísta: pensar como Santiago es un modo legítimo de pensar como país.
Debemos consolidar entre todos el trabajo comunitario integrado, perfeccionar la comunicación para facilitar el intercambio permanente en las organizaciones y entre estas y la sociedad; planificar y actuar de forma sinérgica, coordinada y proactiva. Hay que reverenciar a nuestros mártires y seguir a nuestros líderes. En fin hay que hacer las cosas con calidad para lo cual tenemos que ser personas de calidad, personas capaces de proteger la ciudad, de cuidarla y si es preciso mimarla: defender su identidad es el mejor modo de defendernosnosotros mismos.

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Osmar Álvarez Clavel

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