“Renacer desde la tierra”

Producir alimentos es hoy una prioridad que no debe pensarse sólo a gran escala, en grandes cooperativas y extensiones de tierras. Una santiaguera, Nilda Iglesias Domecq, nacida y criada en la localidad de El Caney, demuestra que el asunto tiene que ver con la voluntad, con el propósito de sembrar hoy para tener mañana.

Ella no cree en los obstáculos, porque justamente después de perder a su padre, y tras el paso arrasador del huracán Sandy, decidió remangar su camisa y echar manos a la tierra. También por eso bautizó a su finca “El Renacer”. Allí tiene hoy más de 50 cultivos entre frutas, hortalizas, viandas, plantas aromáticas y para condimentar; es referencia nacional en el programa de la Agricultura urbana, suburbana y popular; y resalta por sus logros en el uso de energía la renovable.

Pero hay más, Nilda es Doctora en Ciencias Pedagógicas y profesora de Matemática en la Universidad de Oriente. De este modo, alterna el trabajo agrícola con el profesional, pero ambos se complementan para obtener los mejores resultados:

“Mi fórmula es aprovechar todo lo que encuentro y pueda ser útil. Tengo canteros hechos de piedra, plantas sembradas en gomas de carros que fueron desechadas, bancos de madera, jardines verticales con botellas recicladas. Aquí no hay nada sofisticado.

“Encuentro oportunidades donde los demás ven un problema”, me sigue diciendo Nilda en el recorrido por su finca, donde implementa la permacultura, un sistema en el que cada elemento tiene sus principios éticos y de diseño para aprovechar el agua, el sol, y no afectar el medio ambiente.

“Tiene muchos beneficios, se puede aplicar en un balcón, en la placa de la casa, en un edificio. El diseño depende del área que tienes a tu disposición, colocando los elementos en el lugar más oportuno y efectivo. Esta idea de crear espacios para vivir en armonía con el medio ambiente llega a Cuba en los años 90, y con el auspicio de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre Antonio Núñez Jiménez se fue extendiendo por el resto del país”.

¿Cómo se integra el uso de la energía renovable?

“Tengo dos plantas de biogás, un secador solar, un baño ecológico, y el tratamiento de las aguas residuales. El sistema agrícola reporta lo alimentos necesarios y también el residual para alimentar a los cerdos; estos a su vez generan las excretas que van a las plantas de biogás. Finalmente tengo lo necesario para la cocción de alimentos, y los residuales que genera la planta sirven para abonar de nuevo la tierra. Es un ciclo cerrado.”

Viéndola con las uñas y el pelo arreglados, apreciando la delicadeza con que conversa, y conociendo los años dedicados a la superación profesional, muchos dudan de su desenvolvimiento frente a la tierra.

“Han pasado por aquí diciendo que no puedo hacerlo. Me dicen: ‘con esas manos tú no trabajas’, ‘tú no tienes aspecto de campesina’… Visitantes, periodistas europeos que han venido se asombran, pero yo les muestro como hago cada cosa; los invito a mirar la tierra negra que da deseo de comérsela, es viva, está agradecida por el cuidado que se le da.

“La misma familia creía a veces que no podía, pero ha sido un camino lindo y lo he transitado con gusto, creciendo como persona. Además, detrás del buen resultado está mi madre que apoya en otras labores, mi hija que es psicóloga y también coopera. Mi nieta tiene muy corta edad y cuando sembramos lechuga carga las hojas de plátano para tapar el cantero. También cuento con Roberto, un señor que ya tiene más de 75 años pero se mantiene activo y ayuda mucho.”

Para esta santiaguera la mayor enseñanza es la riqueza con que vive: “Apenas voy al mercado. Tengo mis viandas, mis vegetales que puedo compartir con los vecinos, y el gas que queda después de realizar las labores de la casa sirve para hervir agua que le doy a algunos de ellos.”

En el actual contexto, marcado por la Covid 19, demuestra la importancia de sembrar en pequeños espacios cuidando la tierra y dándole la atención que merece. Cuando la situación sanitaria lo permita, retomará los cursos que imparte sobre conservación de alimentos con métodos sencillos y naturales. En ellos muestra la riqueza de “El Renacer” y trasmite la técnica para contar con suficientes productos a disposición del consumo, aún cuando no sea época de cosecha.

La experiencia se multiplica entre sus vecinos, lo confirma Herminio Castañeda, uno de los que muestra con orgullo el resultado:

“Yo empecé por Nildita, ella me fue motivando, embullando con una postura, con las semillas, y así me ha trasmitido sus conocimientos. Aquí en mi patio sembramos cebollas, remolachas, zanahoria, habichuelas, ají… todo para usarlo en la cocina, no con fines comerciales”.

En tiempos de coronavirus, y también fuera de ellos, personas como Nilda Iglesias Domecq demuestran que quien siembra, siempre tiene. En su caso todo comenzó por un momento de pérdidas familiares y materiales, pero este fue el impulso para renacer desde la propia tierra.

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