Ciencia de excelencia

Por estos días que el coronavirus gana protagonismo y las palabras de orden son nasobucos, Covid-19, aislamiento social y otras afines, surgen como titanes de la esperanza nuestros científicos, dando señales de futuro y fe en la labor investigadora que desarrollan en cada centro de biotecnología, grupo empresarial o laboratorio clínico.

No me atrevo a mencionar nombres, no por el temor de obviar algunos, es que mencionar la lista de esos insomnes guardianes de la salud es tan extensa y grande como grande son sus corazones y extenso su sacrificio.

Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en Cuba D-Cub

Para muchos de nosotros los descubrimientos, ensayos, estudios sobre medicamentos, procedimientos, posibles vacunas y los éxitos en su aplicación, se nos revela como novedad o quizás sea que el altruismo y modestia de estos galenos y científicos los hizo reservar tanta información valiosa y ahora a la luz y necesidad de la Covid 19 se hace necesario mostrarnos los largos caminos transitados desde que una vez , ya hace décadas el comandante en jefe Fidel Castro apostó porque cuba debía ser una país de hombres de ciencia.

Quienes estuvimos pendiente a las mesas redondas de nuestros científicos, estuvimos antes un hecho insólito sin precedentes, un privilegio informativo, un momento cargado de optimismo y sabiduría.

No hubo límites, ni fronteras, como ellos mismos expresaron los limites están rotos y la fronteras desaparecidas. Las matemáticas y la cibernética, la geografía junto a la biotecnología, las investigaciones científicas apoyadas por psicólogos y médicos, los ensayos clínicos abrazados a la industria biofarmacéutica, los investigadores jóvenes al lado de los viejos profesores asombrándolos con su entrega e inteligencia, todo integrado a un solo fin salvar al pueblo cubano y al mundo.

Cuba, ejemplo de la investigación biotecnológica en la salud

Ni imaginar podía que en la actualidad, para combatir la infección con el sars–CoV-2, son 22 medicamentos los que suministra BioCubaFarma al protocolo cubano de enfrentamiento a la pandemia, de ellos varios antivirales encabezados por el Interferón y un grupo importante de fármacos de uso hospitalario para los pacientes en las diferentes fases, incluido el estado grave y crítico.

Fueron clases magistrales las de nuestros científicos y directivos de las distintas ramas clínico-investigativas, explicaciones coherentes y demostrativas, llenas de sabiduría y rigor. Imágenes que sorprenden al constatar que las instalaciones reflejan el desarrollo y avance de cualquier instalación de ese tipo en el primer mundo o quizás mejores.

Primero la fascinación ante lo evidente, luego pasas a un estado de deslumbramiento donde la esperanza toma vuelo ilimitado y te crees el ser humano más seguro del mundo y finalmente la admiración.

La nación caribeña cuenta con una importante tradición científica y es reconocida internacionalmente por su posición avanzada en la Ciencia moderna en múltiples renglones.

Saber que mucho más de 70 países en el mundo solicitan esos productos y ponen en tensión a la industria por la inmensa demanda. Que actualmente contamos con existencias de ellos para miles de pacientes y continuamos fortaleciendo las capacidades productivas, y que los cubanos somos la prioridad.

Ya no sé si es asombro, orgullo, admiración, confianza, devoción, idolatría, respeto, pudiera abrazar cualquiera de los epítetos señalados o mejor juntarlos todos en un abrazo de pueblo y agradecer también a Fidel por su previsión, por la luz que iluminó su mente y a la vez alumbró los sueños de la patria, porque sus augurios salvan hoy más de una vida en Cuba y el mundo, porque más que nadie él, confió en estos “Titanes de la esperanza” que hacen ciencia de excelencia.

Escrito por Santiago Carnago López

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