Cuba y el 8 marzo

Santiago de Cuba, 8 de mar.-Si bien el Día Internacional de la Mujer comenzó a celebrarse mundialmente a partir del 8 de marzo de MIL 910 a propuesta de la destacada luchadora alemana Clara Zetkin, no fue hasta MIL 931 que Cuba organizó por primera vez esa significativa conmemoración en reclamo de los derechos de igualdad de su masa femenina.

Ese primer acto se realizó hace 88 años en el local del Centro Obrero de La Habana, en medio de grandes tensiones económicas y políticas, amplio descontento popular y un marcado sentimiento contra la dictadura de Gerardo Machado bajo la cual se encontraba el país en esos momentos.

Sin embargo, la represión de la policía machadista no pudo impedir que los sectores femeninos más progresistas de la Isla ofrecieran su adhesión al Día Internacional de la Mujer y exigieran para ellas igualdad de derechos y el cese de todo tipo de discriminación social y laboral.

En esa actividad usaron de la palabra varias mujeres en representación de diversas organizaciones femeninas, entre ellas RosarioGuillaume y Panchita Batet, destacadas luchadoras revolucionarias y sindicalistas de nuestro país a quienes se debe la organización de este primer Día Internacional de la Mujer en Cuba.

Desde ese 8 de marzo de MIL 931 la celebración en Cuba de tan importante efeméride se mantuvo a pesar de la inconformidad de los gobernantes de turno, los cuales no querían permitir «desatar las alas de la mujer», como lo había pedido ya en tan lejana fecha como el 14 de abril de MIL 869 Ana Betancourt en la Asamblea Constituyente de Guáimaro y precursora de las luchas feministas en nuestro país.

No fue hasta MIL 959 que el 8 de marzo devino en Cuba en una fecha de conmemoración nacional, que todo el pueblo celebra desde entonces con la satisfacción de ver a las mujeres cubanas marchar codo con codo junto al hombre por la gloria de la Patria.

Este 8 de marzo vale la pena recordar lo que expresara un poeta: «los hombres deben hablar en versos a las mujeres, de rodillas y con mil y un ramo de flores entre las manos». Ellas bien lo merecen siempre.

Por:Armando Fernández Martí

 

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