El Pacto del Zanjón: una rendición vergonzosa e inaceptable

Santiago de Cuba, 10 de feb. – De escabrosas espinas estuvo lleno  el sendero  del triunfo de la Revolución  Cubana del primero de enero de 1959. Tal vez por ello la generación que lideró  Fidel Castro Ruz  hasta el día de su desaparición física No permitió que ninguna de las estratagemas del imperio, impidiera primero la victoria, y luego la continuidad de un proceso social  socialista que se mantiene hoy.

Uno de esos momentos amargos fue el Pacto del Zanjón, calificado por Antonio Maceo Grajales como “una rendición vergonzosa y por su parte inaceptable”.

Cuando aludimos a la guerra de los 10 años, iniciada el 10 de Octubre de 1868,  este pasaje sale a la luz  sobre todo, porque ese hecho, que puso fin a la Guerra grande,   tuvo su contrapartida con la muy conocida Protesta de Baraguá.  Es posible que  Arsenio Martínez Campos, capitán general de la isla de Cuba, hubiera sentido la  esperanza de un triunfo inmediato de la Colonia, sin pensar que la dignidad mambisa tendría en el Titán de Bronce la hidalguía de quienes no claudicaron a sus principios de una Cuba verdaderamente soberana, y fue el legado que  asumimos hasta hoy.

En el cuartel español de San Agustín del Zanjón, en Puerto Príncipe,  hoy ciudad de Camagüey, se desarrollaría  el 10 de febrero de 1878 esta negociación de la paz  en Cuba aceptada por la mayoría de los dirigentes políticos y militares del Ejército Libertador. Luego de tanto sacrificio y de la sangre mambisa derramada en los campos de batalla, el Gobierno de España ponía denigrantes condiciones  para la rendición de los criollos.

A los cubanos  se les exigía:

•Capitular de modo incondicional de las fuerzas cubanas ante el Ejército colonialista.

•Aceptar el debilitamiento y desmoralización de las tropas independentistas.

•Reconocer al Gobierno español como máxima autoridad en Cuba.

•Formar partidos políticos que no lucharan contra el poder español.

•Libertad solo para los esclavos que militaban en las filas mambisas.

•Libertad de prensa y reunión mientras no sirvieran para atacar a España.

•Salida al exterior solo para aquellos que aceptaran lo planteado en el Pacto del Zanjón.

Más que el cansancio de 10 años de lucha, de la carencia de recursos y de la poca  ayuda de la emigración cubana; la falta de unidad se convirtió en el principal enemigo de los mambises. Y lo más doloroso,  los colonialistas obviaron cada uno de los sueños de aquellos hombres que alentados por Carlos Manuel de Céspedes,  tomaron la manigua  para tener Patria, Libertad, Gobierno  y donde no se hablara de esclavitud.

Para nosotros hoy puede resultar difícil  entender la posición de hombres que  como  Máximo Gómez,  estuvo presente en la firma del acta de capitulación del llamado  Pacto del Zanjón; pero más que  cuestionar,  es imprescindible viajar imaginariamente hacia el contexto de aquella época, donde, como él mismo escribió en su Diario, “…primaba la desmoralización y el desconcierto   en las filas insurrectas en la zona camagüeyana donde se encontraba, y  algunos hablaran de firmar la paz aunque no hubiera independencia”.

Pero aunque el Pacto del Zanjón forma parte de nuestra historia como uno de esos momentos lamentables que no debemos olvidar, también podemos agarrarnos   de las  enseñanzas que nos dejaron  hombres como Antonio Maceo, que jamás aceptó la rendición y protagonizó la más enérgica Protesta  en los Mangos de Baraguá  para dejarnos el más grande de los gestos de cubanía del siglo 19 que nos marca hasta hoy.

Y si bien José Martí, quien repasó cada momento de la historia para organizar la Guerra Necesaria al referirse al significado del Pacto del Zanjón concluyó que  “… nuestra espada no nos las quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”…, también escribiría: “Tengo ante los ojos  La protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia”

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