En el Día de de los trabajadores de la Cultura: Un recuerdo para Yuli.

Foto de Intenert

¿Saben ustedes que el mejor bailarín del mundo es cubano, negro y baila en Inglaterra?.  Fueron las mágicas palabras expuestas por el líder cubano Fidel Castro Ruz en aquellos años (1999-2003) en que transcurrían las secciones del Séptimo Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba en una de las salas del Palacio de Convenciones de La Habana.

Fidel en síntesis nos hizo partícipe de una historia que él mismo averiguó. Nos dijo que el niño era de un reparto habanero llamado San Agustín, de sus travesuras, y de cómo una maestra para alejarlo de su mal comportamiento le propuso entrar en ese mundo del ballet, al que llegó no sin antes rebelarse porque no concebía que un varón se dedicara a tales movimientos.

El niño  devino buen bailarín, alguien lo vio danzar un día y de ahí llegó la propuesta que le abrió a la fama como primer bailarín invitado en el Royal Ballet de Londres, no sin antes tener otras experiencias.

A los periodistas también se nos permite soñar con algún hecho que marcó nuestra vida, y les confieso que ese  momento me impresionó tanto, que jamás lo olvido, y cada vez que veo a este cubanito habanero recuerdo a mi comandante, su sensibilidad y su apego a los acontecimientos culturales dondequiera que haya ocurrido.

No recuerdo bien el día en que Fidel nos dio esa noticia,  puesto que fueron varias las secciones post-Congreso. Pero a partir de ahí creo que todos los que compartimos esa jornada quedamos impresionados. No pasó mucho tiempo en que el periódico Juventud Rebelde publicara una entrevista al joven, y su lectura a la vez que  llenaba de orgullo, nos hacía  sentir un dolor en el pecho y un nudo en la garganta.

Hoy encuentro varios  pretextos para  relatar la anécdota porque es el Día del trabajador de la Cultura, y porque además en la 40 edición  del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, el filme Yuli ha resultado una sensación tal y como afirman los medios de difusión masivos.

Foto de Internet
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No fue la intensión de esta periodista  investigar a profundidad  sobre este tema para dejar aquí el mejor artículo, sino  compartir lo que cualquiera de nosotros puede sentir este  14 de diciembre, cuando piensa con orgullo en un  cubano de fama. En este caso el ejemplo es el de Carlos Acosta, un artista de las tablas  que pasó  momentos difíciles debido a  la lejanía y a la soledad que para él no se compensaba ni con la mayor fortuna del mundo.

 Y así lo sentí en una de sus entrevistas. Entre la fantasía que siempre siente el lector, me quedó para siempre en la mente  cuando él reconoció que era un hombre de fama y de éxito, pero nadie  podía imaginar que luego de los aplausos de cada función, todos vuelven a casa mientras él se refugiaba en uno de los  bares de esa lejana tierra para brindar solo y en silencio la gloria vivida.

Por ello siempre admiré a este artista que enfrentó los grandes retos de sentir el orgullo de su color moreno, para concentrarse en  bailar y ser el mejor, de interpretar al Romeo de Julieta, ganar innumerables premios, y sobre todo, porque nunca olvidó a su Cuba, y por su gestión  para que el Royal Ballet  llegara  a Cuba.

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Y hoy, mientras hay quienes gestionan cómo quedar con su fama en naciones foráneas, Carlos Acosta  dio otra lección de cubanía cuando luego de decir adiós al ballet clásico, volvió a Cuba y aquí formó su compañía Acosta Danza para seguir reinando en las tablas para orgullo de esta, que es su nación.

Hoy, en este Día de la Cultura Cubana en que  recordamos a Raúl Gómez García,  el poeta de la Generación del Centenario en el aniversario 90 de su natalicio,  no podemos olvidar tampoco a figuras como Fidel Castro Ruz por ser un  fiel defensor de la Cultura,  ni el ejemplo de Carlos Acosta, quien con esa valiente actitud nos enseña cada día   que  desde la cultura se contribuye a   salvar a la Patria.

Por: Agustina Bell Bell.

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