Fidel: Un funeral en la casa de Birán

Foto de Cubadebate

Santiago de Cuba, 24 de nov.- En el libro titulado Todo el tiempo de los cedros de Katiuska Blanco aparece el relato de un hecho familiar que causó mucha impresión en aquel niño  que aún no había cumplido los tres años.

Tal asunto ocurrió el 8 de junio de 1929 y cuenta Katiuska que   Fidel no salía de su asombro cuando contempló las fotografías en las paredes, las estampas religiosas, las velas encendidas y lo peor es que no podía imaginarse que había  un funeral en la casa. Fidelito no sabía qué significaba toda aquella tragedia, el llanto y la tristeza de los abuelos y los tíos, junto al cañaveral, adonde llegaron, después de caminar largo rato, por una vereda estrecha, monótona e infinita.  

 Fidel no imaginaba la muerte en aquellos momentos de pena, lágrimas y olor marchito de azucenas en agua.  Nadie se molestó en explicarle, se invocaba a Dios y se creía en malos presagios y santos. Los niños no sabían nada, nadie conversaba con ellos. Aprendían de la vida por intuición y experiencia.

 Muy chico era aún Fidelito para percatarse de la pena y el desconsuelo de la muerte de la madre de una primita; pero se sintió feliz de tener en la casa a alguien de su misma edad con quien jugar y compartir sueños y travesuras.  Era el tiempo en que su padre, Don Ángel, con su ternura y cariño le  acariciaba el pelo con su mano grande y fuerte de hombre trabajador.  Su recuerdo le duraría toda la vida.

 

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