Julio Antonio Mella, paradigma para todos los tiempos

Santiago de Cuba, 10 de ene.- La vida y obra de Julio Antonio Mella está signada por la madurez, audacia, impronta y el heroísmo,  no solo para las nuevas generaciones que  han tomado su ejemplo como bandera, al ser su líder estudiantil  y uno de sus héroes más emblemáticos.

Siento el orgullo de haberle  rendido honores,  junto a mis condiscípulos como alumna de la Universidad de La Habana, a las cenizas del destacado revolucionario cubano, cuando fueron trasladadas hacia el monumento que se le erigió al frente a la reconocida institución académica de la capital.

Desde esa época y mucho antes, todo en Mella me conmovía: Su autenticidad como guía estudiantil y su inolvidable frase: “Muero por la Revolución”, que llevaba en sí misma toda la fe y el ímpetu de su lucha,  su febril actividad política y revolucionaria que lo convirtió en un dirigente de talla internacional.

Fue aleccionadora también para mí su madurez mostrada, a pesar de la corta edad, para ser cofundador del Partido Comunista de Cuba junto a Fabio Grobart, y de la Federación Estudiantil Universitaria.

La inauguración de la Universidad Popular José Martí igualmente tuvo a Mella como protagonista, con el fin de impartir instrucción política y académica a los trabajadores y de vincular la Universidad “con las necesidades de los oprimidos”.

Constituyó  lección su proverbial honestidad  revolucionaria, que supo con firmeza y dignidad enfrentar las incomprensiones y erróneas acusaciones, dentro de las propias filas comunistas y, sobre todo, halló las vías más idóneas para vencer esos momentos difíciles en aras de los intereses mayores de la Revolución.

Para quienes nos iniciábamos en la vida universitaria y especialmente en el Periodismo, él  constituía un paradigma dada su impronta en el ejercicio de la profesión como un agitador y periodista de afilada pluma, siempre al servicio de los más nobles ideales de justicia y libertad.

La revista Alma Mater fue muestra fehaciente de sus ideales,  allí escribió muchos de los artículos que plasmaban su pensamiento independentista, y donde acusaba a los Estados Unidos por los desmanes y atropellos en el archipiélago.

En su trabajo La única salida, opinaba: «La hora es de lucha, de lucha ardorosa; quien no tome las armas y se lance al combate pretextando pequeños desprecios, puede calificarse de traidor o cobarde. Mañana se podrá discutir, hoy solo es honrado luchar”.

Me cautivó su entrañable amistad con Rubén Martínez Villena,  a quien  le impresionó el ímpetu revolucionario, las ideas audaces y el poder persuasivo de Mella. En sus diálogos afloraban puntos de vista neurálgicos de la situación imperante, discutidos  con patrióticos bríos.

Y lo más importante, la convicción que sostenía Mella de que la única forma de resolverlos de veras era mediante la conquista de nuestras riquezas, independencia y soberanía, que en ese momento detentaban los banqueros de Wall Street y los políticos de Washington.

Un capítulo significativo de su vida ocurre en 1928 cuando conoció a la fotógrafa y luchadora revolucionaria italiana Tina Modotti, con quien compartió numerosas actividades como las del periódico comunista El Machete, en el que escribía Julio Antonio Mella.

Entre ellos surgió la atracción y la pasión amorosa. Un amor sublime, ardiente, tremendo, en tiempo de combate, que solo duró cuatro meses al ser él asesinado.

En una ocasión en que ambos se separaron, Mella conmocionado por la distancia momentánea escribió a Tina desde Veracruz:

Mía cara Tiníssima: Puede ser que para ti fuera una imprudencia el telegrama, pues estás acostumbrada a llenarte de asombro por todo lo que hay entre nosotros. Como si fuera el crimen más grande el que cometemos al amarnos. Sin embargo, nada más justo, natural y necesario para nuestras vidas…  He pensado con demasiado dolor en estos días y hoy tengo todavía abiertas las heridas que me ha producido esta separación, la más dolorosa de mi vida.

Una vida tan impetuosa, que a pesar de sus apenas 26 años de existencia física -asesinado el 10 de enero de 1929 en México, por órdenes de Gerardo Machado-, es sin dudas una de las prominentes figuras históricas de Cuba y de América Latina.

Si hubiera vivido en estos tiempos, seguramente Julio Antonio Mella fuera como los jóvenes de hoy, desinhibidos, profundos, alegres, comprometidos.

Por: Aída Quintero Dip.

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