Una flor con aroma de mujer

Celia Sánchez Manduley. Foto de Internet.

Santiago de Cuba, 11 de ene.- Era el 11 de enero de 1980 cuando la muerte se  llevó a una de las mujeres más grandes de nuestra historia. La heroína de la Sierra, el llano, la clandestinidad ya no estaba.

Manzanillo la vio nacer y la lucha por defender los ideales de la patria  la convirtió en la flor más autóctona de la Revolución. Mujer inquebrantable, de carácter firme y profundas convicciones patrióticas. Esa era Celia. La combatiente, camarada, compañera, revolucionaria, amiga entrañable de Fidel.   

Aquella que junto a Frank País, organizó a los campesinos de su tierra natal para que apoyaran a los expedicionarios del yate Granma. Los guerrilleros de la Sierra Maestra en una carta enviada a este joven rebelde manifestaron el papel tan significativo de Celia durante la guerra al expresar: “En cuanto a la Sierra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David y Norma”, (nombres con los que se conocían a estas dos personalidades históricas).

Aquella que transportaba mensajes en flores. Fundadora del pelotón femenino «Mariana Grajales». Esa mujer que nunca mostró un ápice de cansancio ante los desgastes de una contienda que ya iba dejando huellas.

Hoy, a 29 años de su muerte Cuba la recuerda. Su ejemplo imperecedero no se ha ido. Está más vivo que nunca en cada joven, niño, hombre, mujer, en cada cubano y cubana, que como ella, sabe que la dignidad y los principios no se negocian. Ya lo dijo Martí «la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida».

Por: Indira Montero Almanza.

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