Che Epistolario. Carta de despedida a Fidel

Varias de las cartas escritas por Ernesto Guevara han sido publicadas por diferentes medios. Recomendamos uno: el libro “Che: Obras escogidas”, (editorial Resma, primera versión, 2004). Este texto incluye, en la parte final, una selección de cartas. La breve antología es fruto de un trabajo de decantación tan eficiente que, con solo 10 misivas, sintetiza una porción sustantiva de la correspondencia del guerrillero, de su personalidad, de sus cualidades como líder y como simple ser humano, de sus preocupaciones y su humanismo. Proponemos en el presente comentario valorar su Carta de despedida a Fidel Castro, redactada hace 56 años, en marzo de 1956 y dedicar un segundo trabajo a las nueve misivas restantes.

El Che había confesado a sus padres que tras cumplir con la Revolución Cubana marcharía a otras tierras. Le escribe: “Es cierto que después de deshacer entuertos en Cuba me iré a otro lado cualquiera. La literatura enseña que tanto la itinerancia como la injusticia son universales”. En ”Che: Obras escogidas” se aclara que en medio de los más diversos rumores sobre las causas de su enigmática desaparición de las tribunas políticas, Fidel Castro hizo público la carta de despedida que el Che había dejado para el pueblo cubano, documento que tuvo fuerte repercusión internacional.
El comienzo de la carta de despedida constituye una síntesis antológica de la nostalgia. “Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera).Muchos compañeros quedaron en el camino hacia la victoria.”

Con su proverbial modestia afirma: “Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío”. Y luego: “Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, solo lazos de otra clase que no se pueden romper con los nombramientos.”

“Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad salvo la que emane de su ejemplo.” Asume su responsabilidad en la lucha, no por protagonismo, sino para evitar comprometer a la Isla a quien se culpaba de exportar la revolución. Como en su memorable discurso en Naciones Unidas (11-12-64), reitera su vocación latinoamericanista que le viene desde mucho antes. Recuérdese que, cuando decidió venir a Cuba a hacer la revolución, le pidió a Fidel que, cuando triunfarán, le concediera la oportunidad de contribuir a liberar otros pueblos. Después confirmará ese ideal en una frase célebre: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”.

Su concepción de la vida: ser para los demás, es reconocida. Sus compañeros de lucha alababan su comportamiento como jefe y como hombre de todos los días, sencillo, reacio a los protagonismos, defensor acérrimo de la austeridad; atestiguan su confianza en la Revolución Cubana de la cual se consideraba un soldado más y en su líder el Comandante en Jefe Fidel Castro. Al respecto basta reparar en un brevísimo párrafo donde declara: “No dejo nada material a mis hijos y mi mujer, el Estado les dará lo suficiente”.

En el cierre de la misiva reitera su confianza en la revolución y en Fidel. Digámoslo con sus palabras: “He vivido días significativos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y principios.

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario.
Che”.

Uno lee cartas como esta y siente que está frente a un hombre que habla desde su carne, desde lo más hondo. Y piensa que nadie, amigo o enemigo, sincero o solapado, con buenas o malas intenciones, independientemente de ideologías y pareceres, nadie podrá quitarle a un hombre extraordinario como el Che el derecho a serlo si renunciar a ser uno de nosotros.

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