El Che , el 8 de marzo y los abrazos

Se acerca el 8 de marzo y aún con las limitaciones que el contexto actual impone, hay que hacer un alto en el camino y asumir la fecha con el optimismo al que somos fieles. Tal vez sería pertinente hablar del día de la mujer como sinónimo del día de los abrazos aunque estemos obligados a abrazar desde lejos. Sucede que el 8 de marzo está anclado en nuestra memoria histórica y es parte de lo mejor de nuestra tradición humanística, es buena fecha para para resaltar el protagonismo de la mujer, la santigüera, la cubana; las de todos los tiempos y latitudes. Creo que es una excelente oportunidad para el discurso de alabanza porque no siempre reconocemos lo obvio: sin las mujeres fuéramos nada.

El 8 de marzo es día para el agradecimiento, por eso insistimos en las múltiples razones que concitan al homenaje, entre ellas una extraordinariamente simple: no se trata de celebrar el día de la mujer en abstracto, sino el día de la mujer en concreto. Y es que Cuba no se concibe sin sus mujeres. Desde Guáimaro hasta la actualidad, desde Ana Betancourt o Mariana Grajales, desde Vilma Espín o Celia Sánchez, hasta las marianas de la Sierra y de hoy, ocupan sus puestos en todas las trincheras del hacer de la nación. Y es que las mujeres cubanas suscriben una historia indeleble. Digámoslo de una vez. Sin ellas seríamos otros, si es que algo seríamos.

Recordar a la mujer combatiente conduce al Che. En el Capítulo III de su libro La Guerra de guerrillas, el Che analiza asuntos vinculados con la organización de las fuerzas guerrilleras antes y después del triunfo de un movimiento revolucionario. Se detiene en temas como el abastecimiento, la organización civil, la sanidad, el papel de la mujer, las acciones de sabotaje, la industria de guerra, la propaganda, la información, el entrenamiento, el adoctrinamiento y la organización estructural del ejército guerrillero: en todos estos temas directa o indirectamente comenta sobre la mujer combatiente:

“El papel que puede desempeñar la mujer en todo el proceso revolucionario es de extraordinaria importancia… Es bueno recalcarlo pues en todos nuestros países, de mentalidad colonial, hay cierta subestación hacia ella que llega a convertirse en una verdadera discriminación en su contra”. Para ilustrar su criterio cuestiona con reflexiones muy actuales varios prejuicios que subsisten en nuestras naciones a pesar de todos los esfuerzos por dignificar a la mujer como esta merece.

Al respecto el Che es categórico. Por eso derriba mitos como los de la inferioridad de la mujer guerrillera. “La mujer, acota, es capaz de realizar los trabajos más difíciles, de combatir al lado de los hombres y no crea, como se pretende, conflictos de tipo sexual en la tropa. En la rígida vida combatiente, la mujer es una compañera que aporta las cualidades propias de su sexo, pero puede trabajar lo mismo que el hombre. Puede pelear, es más débil, pero no menos resistente que éste. Puede realizar toda clase de tareas de combate que un hombre haga en un momento dado, y ha desempeñado, en algunos momentos de la lucha en Cuba, un papel relevante”.

Y concluye su defensa de la mujer al señalar que las féminas asumen otras tareas vinculadas con la población, con la enseñanza a los campesinos y a los guerrilleros, el traslado de objetos. Destaca el cumplimiento de las funciones como trabajadora social cuando el frente se consolida, sus labores en la sanidad y en las pequeñas industrias de la guerrilla. Las mujeres, afirma el Guerrillero Heroico, son indispensables en la organización social de la los movimientos revolucionarios, dice y lo demuestra con ejemplos palpables. Por, eso quisimos reiterar sus palabras como reconocimiento a la mujer cubana.

Sin desconocer el heroísmo de la mujer combatiente, prefiero señalar – y disculpen el atrevimiento- que en esta fecha deberíamos insistir en lo cotidiano, y es que siempre hay una mujer al alcance de la mano y creo que el 8 de marzo es una oportunidad para el abrazo cómplice: ya tendremos la oportunidad de cumplir este anhelo. La vida dirá la última palabra. Pero, no caben las dudas, esa palabra será en favor de nuestras féminas, esas que a pesar de estar tan cerca a veces desdeñamos o en el mejor de los casos las asumimos como personajes secundarios en una historia donde hay demasiadas evidencias que son protagonistas.

Como dijimos una vez en esta página: “Una mujer es un oasis, una almohada, un pensamiento orientador, un alucinación veraz, una cosecha de certidumbres, un aliento para compartir aún las derrotas, un bálsamo para la duda, una manera para consultar al corazón, para pedirle permiso y seguir viviendo. Las mujeres tienen su sitio privilegiado – por encima de ellas solo el país – y resulta que también ellas son el país : no hay causa posible sin su concurso, no hay causa limpia si falta una mujer para hacernos mejores”.

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