De mis recuerdos. Mi maestra de quinto grado.

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Santiago de Cuba, 7 de dic.- Han pasado 60 años. La memoria me recuerda dos hechos relacionados con la escuela nacional Heredia, nombres de entonces de las primarias donde estudié desde el Kindergarten hasta el 6º. Grado, este último en enero de 195ª, ya con la Revolución Cubana en el poder. Un día de 1957, en camino para la escuela, encontré un papel pegado en la pared de una casa muy curioso, lo arranqué, lo guardé entre mis libretas y muy callado, se le entregué a mi maestra de quinto grado nombrada Clara Llull.

Fue como un shock cuando vio el papel aquel que tenía una especie de bandera de colores rojo y negro en cuyo centro había un número 26 grande. Solo me dijo: “Nunca más cojas estos papeles. Son peligrosos.” Esta historia tendría su final en noviembre de 1958. Aquel día, mientras que la maestra Clara impartía una clase de Historia, entró un hombre intempestivo al aula y le dijo algo al oído.

Ella comenzó a llorar desconsoladamente y de inmediato se la llevaron.  Después supimos que su hijo, nombrado Eduardo Mesa Llull, había caído en un combate contra el ejército batistiano. Él era soldado del Ejército Rebelde y su muerte había ocurrido cerca del pueblo de Alto Songo. A partir de entonces se suspendieron las clases hasta después del 1 de enero de 1959. No volvimos a la escuela en cuyo patio estaba escrito, con letras de bronce y pensamiento de José Martí: Los niños son la esperanza del mundo.

La provincia de Oriente arde a finales de 1958. Los partidos de la oposición burguesa, reconocen el indiscutible liderazgo de Fidel Castro. Columnas rebeldes parten hacia diversos puntos del territorio nacional, entre ellas las   Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos que van hacia la  provincia de Las Villas.

Del discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 1959: Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto.  Intervinieron a última hora y después dejaron entrar a Calixto García  en Santiago de Cuba….! Esta vez sí que es la Revolución!

Fidel, veinte años después diría, en el mismo lugar: ¡GRACIAS SANTIAGO!

Por: Armando A. Céspedes.

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