El Girón de Fidel y su pueblo

En la última etapa de lucha por preservar la soberanía de la Patria  ocupan un sitio preponderante esas páginas de gloria escritas en las arenas de Playa Girón, en 1961, con la contundente victoria frente a la invasión mercenaria forjada por los líderes de la naciente Revolución, sus milicianos y el pueblo.

  Ese hecho pervive en la  memoria de los hijos e hijas de esta tierra heroica y rebelde, especialmente se evoca con emoción la imagen que ha recorrido el mundo de Fidel en su tanque dirigiendo el combate, lo que hace renovar cada abril y cada día del año el espíritu patriótico y revolucionario de los cubanos.

 El  asalto final que  tomó el último reducto de los invasores, luego de ser ocupada Playa Larga el 18 de abril, fue dirigido personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro al frente de la columna de tanques y tropas para la batalla conclusiva, aunque sus compañeros trataron infructuosamente de disuadirlo por el riesgo que asumía al dirigir desde un blindado la ofensiva.

  En alrededor de 66 horas fue aplastada la agresión y sus consecuencias políticas e históricas tuvieron un impacto global en el siglo XX: Cuba demostró por primera vez que era posible una alternativa socialista a las puertas del imperialismo más poderoso de la historia y colmó de esperanzas a los pueblos latinoamericanos sumidos en dictaduras apoyadas por Washington.

  El día 19 de abril de 1961,  el estado mayor de la brigada invasora, desde su  última posición en Playa Girón, envió  un mensaje radial al jefe de la Operación de la CIA, en el cual aseguró que resistían el avance de las fuerzas cubanas, lo que vislumbró para algunos imaginativos oficiales estadounidenses la posibilidad de una inmolación  gloriosa, pero pronto salieron de ese supuesto al ocurrir la rendición masiva encabezada por los  propios jefes mercenarios.

La malograda invasión le costó el puesto al jefe de la Central de Inteligencia yanqui, Allen Dulles,  y a casi todo su equipo por su incapacidad  de valorar con objetividad la realidad cubana y subestimar la gran estatura de Fidel Castro, quien desde el inicio comprendió la estrategia enemiga y supo prever sus acciones magistralmente en el campo militar, político y diplomático en esas históricas jornadas.

La victoria de Girón no parece lección suficiente para las administraciones estadounidenses, como lo demuestran sus continuas agresiones y amenazas a un pueblo que le ha clavado una espina donde más le duele por su hidalguía, valor y espíritu de resistencia, capaz de propinar, en cualquier terreno, nuevas derrotas al imperio y otras victorias de la Revolución como la alcanzada en el glorioso abril de 1961.

  El santiaguero Agustín Castellanos Pacheco, combatiente del Ejército Rebelde, quien tuvo el honor de integrar la Caravana de la Libertad con Fidel en enero de 1959, siente invariablemente un sano orgullo por haber sido protagonista de la épica batalla de Girón, cuando Cuba le propinó la primera gran derrota al imperialismo yanqui en América.

  Siempre que evoca los históricos sucesos enfatiza que lo que más le estimuló en Girón fue saber que Fidel, el invicto jefe, estaba al frente con su tanque, dirigiendo con el ejemplo y la  sabiduría militar la acción para obtener la victoria y frustrar los planes de los Estados Unidos, que nunca se conformaron con la gallarda rebeldía de esta Isla.

  Castellanos Pacheco piensa que hoy se escribe otro Girón para la historia, cuando están en manos de jóvenes nacidos con la Revolución, junto a fogueados revolucionarios las riendas del país, seguros de que sabrán llevar adelante los destinos de una nación que nunca cederá ante las presiones del imperio ni se  pondrá jamás de rodillas.

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