Fidel y la vigencia de Palabras a los intelectuales

Ese espíritu previsor, creativo, ingenioso que definió el pensamiento y la actuación de Fidel en cada momento de la Revolución, se confirma en la vigencia 60 años después de aquellas palabras trascendentales y polémicas de junio de 1961, que muchos consideran la primera estocada al sectarismo presente en la época.

Las pronunció un hombre que aún no había cumplido los 35 años y ya era aclamado como un héroe en Cuba y gran parte del mundo, quien no fue a imponer el peso de su heroísmo ni siquiera el encanto de su fascinante personalidad, destacaba el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, en el acto por el aniversario 60 de Palabras a los intelectuales.

Todavía impresiona, agregaba el mandatario cubano, su humildad para reconocer que “nosotros estamos aprendiendo (…) nosotros hemos venido aquí a aprender”.
Y es que entre las muchas lecturas de un acontecimiento que impactó en la vida de la sociedad, sobresale la lección de ética y solidez cultural, de respeto al otro, prueba de cómo funciona el diálogo verdadero, con el oído atento a las voces inconformes o disonantes y la palabra dispuesta a aceptar y convencer, no vencer, sin prepotencia ni soberbia.

Todo se conjugó para que en ese diálogo real y honesto se plantearan las bases fundacionales de lo que sería la política cultural de la Revolución cubana en la que el jefe guerrillero, líder político y gran estratega se revelara como el intelectual que siempre fue ante artistas e intelectuales de reconocida obra y otros de vanguardia.

El central e insustituible concepto “Dentro de la Revolución todo” significa que lo único que no está en discusión es la Revolución. No es ella un hecho en disputa. Es el hecho mismo, la razón de ser de aquel encuentro, subraya a la luz de estos tiempos Díaz-Canel.

La campaña de alfabetización, otro hecho cultural notable de los primeros años, permite que se abrieran las puertas para la poderosa creatividad; donde existiera, en campos y ciudades, un talento, una vocación se cultivaron para vestir de nuevos rostros y almas el panorama nacional y no únicamente de las voces y obras de la vanguardia artística que había, y que era minoría.

No puede circunscribirse la trascendencia del suceso a un momento único, junio de 1961, provocador como todo nacimiento, porque aquella reunión tuvo la fortuna de la su continuidad en el tiempo hasta nuestros días; los diálogos de Fidel con buena parte de la intelectualidad no se interrumpieron nunca.

Muestra fehaciente es otra frase que hizo historia, pronunciada por el Comandante en Jefe en el Sexto Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) de que la cultura es lo primero que hay que salvar, la cual tuvo un gran impacto no solo en el ámbito cultural sino en la toda la sociedad.

Intelectuales y artistas han preservado el compromiso con la vida del país en su sentido más abarcador con propuestas osadas, alertas y señalamientos adelantados, un tributo a Fidel y expresión de que su legado en todos los ámbitos de la vida nacional, incluyendo la cultura, está más vigente que nunca.

Palabras a los intelectuales es una propuesta medular con el influjo de su innegable vigencia, aferrada en la espiritualidad martiana, donde se nos recuerda que la Revolución no puede ser, por esencia, enemiga de la libertad creadora.

Para el poeta, escritor, etnólogo y presidente de honor de la Uneac, Miguel Barnet, quien vivió la emoción de aquellos tres días cuando era muy joven, “Fidel sembró allí una semilla que hoy muestra sus frutos”.

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