La entrañable amistad de Fidel y Gabriel García Márquez

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Santiago de Cuba, 23 de nov.- Una entrañable amistad unió siempre al Comandante en Jefe Fidel Castro y al afamado escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien dejó para la posteridad su conmovedor artículo El Fidel que yo conozco, concebido desde la perspectiva de un amigo sincero.

Con la profundidad y belleza que distinguía el estilo del Premio Nobel de Literatura, Fidel se revela ante nuestros ojos en ese texto más allá de los méritos históricos de haber hecho una Revolución más grande que nosotros mismos, en las propias narices del imperio más poderoso que se haya conocido.

Probablemente las virtudes que cautivaron a García Márquez son las mismas que aprehendieron a muchos, mas reseñadas desde los afectos y la admiración conquista diferente al tocar las fibras más sublimes del alma.

De tal manera destacó en el líder cubano “su devoción por las palabras, su poder de seducción, va a buscar los problemas donde están, los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo, paciencia invencible, disciplina férrea, la fuerza de la imaginación lo arrastra hasta los imprevistos, el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, es el antidogmático por excelencia”.

Enfatizó en la actitud ante la derrota del revolucionario de primera línea en los acontecimientos más trascendentales de la nación en el siglo XX y XXI, porque “aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria”.

No hay un proyecto grandioso o pequeño, en el que no se empeñó con pasión infinita, sobre todo si tenía que desafiar la adversidad. “Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: ‘Las cosas deben andar muy mal porque usted está rozagante’”.

Su más rara virtud de político, en opinión de García Márquez,  es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, potestad que no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo, tenaz, de análisis exhaustivos, tras la búsqueda de causas.

“Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo”, reseñó el escritor para referirse al Fidel improvisador en las tribunas donde comenzaba a hablar con voz casi inaudible pero iba ganando terreno con su inteligencia, carisma, capacidad hasta que se apoderaba de la audiencia.

Y es que cuando Fidel habla con la gente en plena calle, refería, el diálogo recobra expresividad y la franqueza de los afectos más sentidos. Por eso lo llaman sencillamente Fidel, como un amigo cercano, un padre, un hermano. Lo abrazan, le reclaman, le plantean problemas, le discuten, en un intercambio sui géneris donde prevalece la verdad sin titubeos.

“Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal”, afirmaba su amigo Gabriel García Márquez.

Por eso soñaba con los pies sobre la tierra, por ejemplo, de que los científicos cubanos lograran medicamentos salvadores, o la medicina final contra el cáncer, y creó una política exterior de potencia mundial, en una isla infinidadde veces más pequeña que su enemigo potencial, sin vulnerar un solo principio, con la dignidad y ética como bandera.

Así era sencillamente Fidel,  el primero en el combate, el primero en el ejemplo, que dejó de fumar para tener autoridad moral para luchar contra el tabaquismo, y con la convicción de que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.

Así fue el hombre del asalto al cuartel Moncada,el desembarco delyate Granma, los días de la guerra en la Sierra Maestra, del constructor de la Patria nueva, con una certera visión de  América Latina en el futuro, que fue la misma de Simón Bolívar y José Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de alumbrar como el alba y mover el destino del mundo.

“Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quién esté, Fidel Castro está allí para ganar”, subrayaba el célebre escritor colombiano en su conmovedor artículo.

Por: Aída Quintero Dip

 

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