Pueblo, Partido y Fidel en el sentimiento unitario de la nueva Carta Magna

Santiago de Cuba, 8 de oct. – Con el honor como coraza siempre anduvieron cohesionados el pueblo de Cuba, el Partido y Fidel, en tenaz lucha para cumplir el mandato que significa marchar en tiempos convulsos con la cabeza erguida, sin retroceder ni ceder ni vulnerar un solo principio ante amenazas y peligros.

Por estos días ese mismo pueblo convertido en constituyente ofrece diversos criterios en pos de enriquecer la nueva Carta Magna, para atemperarla a nuestro tiempo y, sobre todo, ejercer ese ejercicio soberano con el noble propósito de hacer un mejor país.

Hay opiniones disímiles, pero muchos coinciden en que el Partido Comunista de Cuba es garante de la construcción de la patria socialista a la que se aspira en la nación caribeña y de que más de un partido desune y rompe la integridad de todos.

El proyecto de Constitución establece, en su artículo 5, que  “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

 La inmensa mayoría de los cubanos asume y respalda este concepto, el cual ratifica el papel rector del Partido como pilar fundamental de la unidad y del orden político, económico y social de la Isla.

Los principios y postulados de la nueva Carta Magna, que son motivos de consulta popular actualmente, contribuirán a reforzar el liderazgo del Partido Comunista de Cuba porque una característica esencial de la organización política es que en ella fluyen los intereses del pueblo.

 El hecho de incluir el término fidelista en el texto es de lo más trascendente y justo entre los cambios en la nueva ley de leyes, pues resulta significativo añadir el legado de Fidel Castro a la definición de la organización que él encabezó tras un proceso emancipador único vivido en Cuba.

Total vigencia adquieren las palabras del invicto líder cuando expresó: “El partido es hoy el alma de la revolución”, como continuador del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí en 1892, para lograr la independencia y crear una república con todos y para el bien de todos.

Y se ganó ese derecho por su prestigio, autoridad y vínculo con las masas, al ser heredero de los postulados esgrimidos por la organización creada por Martí para hacer la Guerra Necesaria, tras una faena colosal de veteranos y pinos nuevos en pos de la soberanía nacional. 

Respeto el derecho a la opinión de cada cual, pero las personas que vivimos el pluripartidismo antes de enero de 1959 tenemos muchas razones para no querer volver a esa época de politiquería, corrupción y promesas incumplidas para el pueblo, expresa Meida Cueto Pineda, jubilada del sector de la gastronomía en Santiago de Cuba.

Considerado que solo los que quieren engañarnos, dividir y destruir podrían asegurar que esa política de divide y vencerá podría propiciar desarrollo, bienestar  y tranquilidad para nuestra Patria, subraya.   

Para Meida el secreto de lo que algunos han calificado como el milagro del sistema socialista cubano está en la unidad, el fundamental legado de Fidel y principio que alienta nuestro Partido para seguir delante, recalca.

Esa ha sido la única fórmula que el enemigo no puede descifrar porque  desconoce  la fortaleza de un pueblo cohesionado,  en defensa de una bandera y un ideal,piensa  el veterano comunista santiaguero,  Agustín Castellanos Pacheco.

Añade que esa verdad está validada por el hecho de que el pueblo ha sido dirigido por un Partido de vanguardia, que con su ejemplo y acción ha merecido el respeto ante las masas.

Para este hombre presente en hechos cruciales como  la epopeya de Girón e internacionalista, la organización ha mostrado solidez suficiente para seguir adelante vigorosa al lado del pueblo, como fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, según expresa el proyecto de Constitución.

Por: Aída Quintero Dip.

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