Martí, escritor

Santiago de Cuba,  28 de ene. – No cabe la menor duda de que José Martí fue un escritor de excepcionales condiciones y así lo avala la vastísima obra que dejó y que fue conocida sobre todo después de su muerte.

En más de una ocasión, sin embargo, él expresó que prefería ser poeta en obras y a través de su verbo nos dejó una poética, donde no solo se aprecian los valores estéticos de su escritura, sino también su actitud ante la vida, el semillero de valores espirituales.

Dentro de la amplísima obra literaria martiana puede encontarse una muy personal. No se trata de su abundante epistolario, sino un par de cuadernos, mejor dicho, sus diarios de campaña, el primero de los cuales escribió en MIL 895 durante su estancia en la República Dominicana y Haití, mientras preparaba la fuerza expedicionaria que junto al Generalísimo Máximo Gómez lo traería nuevamente a Cuba para incorporarse a la guerra necesaria.

Este primer diario conocido como “De Montecristi a Cabo Haitiano”,  lo dedicó Martí a sus niñas, las hermanas Carmen y María Mantilla, donde les dice: “(…) Arreglen esos apuntes que escribí para ustedes, con los que mandé antes. No fueron escritos sino para probarles que día por día, a caballo y en la mar, y en las más grandes angustias que puede pasar un hombre iba pensando en ustedes”

Desde el 14 de febrero y hasta el 8 de abril de MIL 895, Martí escribe sobre las peripecias de aquel invierno cuando, junto al Generalísimo Máximo Gómez, ultima los preparativos para la expedición en la goleta “Brothers”, y enfrenta las miserias y la traición del Capitán Bastián en Inagua, retornando a Haití, en el vapor “Nordstrand”

Señale el periodista Armando Fernández Martí, que si algún texto dibujó la personalidad íntima del Apóstol son estos apuntes, cuajados de ternura, donde abunda lo subjetivo del narrador, como si manejase una cámara de cine para captar tipos, caracteres y el acento de la cotidianidad.

“La fiesta está en el sol”, escribe Martí en ese diario y nos dice también: “El sueño es culpa, mientras falta algo por hacer”. Sin embargo, en esos días de febrero de MIL 895 al Apóstol se le ve feliz, acompañado por cubanos, haitianos y dominicanos, sobre el potro que se deslumbra ante el cruce del río, elogia la cadenciosa belleza de la mujer, mientras que su espíritu permanece altivo, suelta las riendas de la vida aunque muestre el cansancio extremo de su cuerpo y la salud se le quebranta por la fatiga a la que él no cederá jamás. Por: Armando Fernández Martí

 

Deja una respuesta