Crisis medioambiental 2020-2021: Antropoceno, sindemia, cero neto, IDHP, términos para la nueva realidad

Una enfermedad nombrada con fecha 2019 nos marcó todo 2020. El que terminó será, por el resto de nuestras vidas y en la historia, el “año de la covid” (previendo que el acrónimo pase por el proceso de lexicalización que han seguido otros). Ha traído palabras que nombran fenómenos “nuevos” y “nuevas” realidades o, más exactamente, un impacto más claro y una más acentuada percepción de realidades y fenómenos que nos acompañan hace tiempo y definirán el futuro en este planeta.

Año de incertidumbre global y trauma en todos los niveles y áreas de la vida en la Tierra, de lo personal a lo familiar y lo social; de la salud pública, la economía y la política a la comunicación (interpersonal, en los medios, en internet), la psicología, la violencia intrafamiliar, el transporte y la movilidad, el empleo y las rutinas laborales, el comercio, la creación, el deporte y el entretenimiento, la ciencia y la tecnología, la cultura, la gobernabilidad, la educación…

Todo en medio de una crisis climática de la que comenzamos a escuchar más claramente hace 30 años y que sigue su curso, aun con el parón económico que ha impuesto la pandemia de COVID-19 a escala planetaria.

Porque hemos vivido durante 2020 con la incómoda y angustiante sensación de que se detuvo el mundo, pero finalizando el año la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advertía que “la ralentización industrial por la pandemia de COVID-19 no ha contrarrestado los niveles sin precedentes de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, provocan la subida de las temperaturas y exacerban las condiciones meteorológicas extremas, la fusión de los hielos, el aumento del nivel del mar y la acidificación de los océanos”.

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