La otra guerra

Cuando hago un recuento en mi mente, consulto datos y confirmo que la historia es semblanza de los pueblos, entonces comienzo a considerar.

Estados Unidos hoy más que nunca enarbola la retórica de “gran país”, donde su gobernante defiende y por ello, combate al resto del mundo en “defensa de los ciudadanos Norteamericanos”, lucha que emprende en aras de dar veracidad a ese eslogan vacío y burdo.

Guerra contra los países del medio oriente y otros de América Latina, apoyando movimientos terroristas que asfixian hasta la muerte a países como Irán, Irak y Palestina alentando el odio entre hermanos de un mismo credo y tradición.

Injerencia en países débiles, pero con recursos estimables para mitigar la ambición de poder y multiplicar el abuso y el hambre.

Gobiernos como el de Donald Trump que defiende la “seguridad de los ciudadanos Norteamericanos” bloqueando al pueblo Venezolano al cual acusa de narcotráfico, ellos, los primeros consumidores de drogas del mundo y tan amigos del gobierno de Colombia su principal y seguro abastecedor.

Millones de dólares en armas que, según Trump, “defienden al pueblo de Norteamérica”, pero que irónicamente se revierten en el asesinato de cientos de jóvenes en sus propias calles norteamericanas, llenas de plomo y pólvora.

El Gobierno que amenaza a su vecino más cercano: México, por la avalancha de inmigrantes que pasan por el territorio azteca huyendo de la misma inseguridad que ellos, los Estados Unidos, han provocado, explotando las riquezas naturales y desestabilizando pueblos del sur de América.

Acusar a México de la existencia de cárteles de drogas fuertemente armados, el mismo deshonesto país; Estados Unidos, que le abastece a esos grupos criminales de las mejores armas de asalto diseñadas y construidas en el Estado de la Unión.

Bloquear a Cuba hasta la inhumana negación de adquirir recursos clínicos para combatir el coronavirus y luego mentir con descarado cinismo, sobre las “oportunidades” que nuestro país tiene de comerciar con ellos.

De qué sirve a los ciudadanos norteamericanos y en defensa de que pueblo gastan millones de dólares empleándolos en espionaje sucio en los países que no se pliegan a sus caprichos, financiando gobiernos títeres y masacrando territorios completos de África y de los pueblos Árabes.

Ahora tiene Donald Trump otra guerra, pero esta, la Covid-19 es en su propio territorio, sin alternativas, con la incapacidad que demuestra este atolondrado gobernante al que solo se le ocurre robar recursos a otro pueblos, inteligencia de otras latitudes y tener que dar las gracias a su históricos enemigos, que con humildad y solidaridad probada le tienden la mano que él ha mordido tantas veces.

Con menos inversión en armamentos estuviera defendiendo a su gran país de las penurias que le azotan con la pandemia. Menos armas más ventiladores mecánicos.
Con menos soberbia los médicos norteamericanos podrían cubrir sus bocas con los protectores que por millones elaboran los iranís y no abandonar los hospitales y sus pacientes por miedo al contagio.
Con menos odio podría mirar el ejemplo de Cuba que ayuda a decenas de países en esta cruenta batalla y podía dejar de desacreditar tanta bondad humana.

Hoy al pueblo Norteamericano en ese “gran país” le falta solidaridad y ayuda, carece de estrategia coherente, un presidente que no piense en economía sino en vidas y sobre todo necesita un líder moral, honesto, lúcido y cuerdo: Eso necesita ese “gran país” para ganar en esta otra guerra.

Escrito por Santiago Carnago López

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