Nobel de la Paz ayudará a poner más atención al hambre que a la guerra

Cinco personas de traje y corbata se han reunido la mañana de este viernes en una sala del Instituto Nobel en Oslo, Noruega, para adjudicar el Premio Nobel de la Paz. Afuera había entre ocho y nueve grados y llovía. Muchos de ellos llevaban abrigos y pañuelos, en la habitación donde, a puertas cerradas, se han decidido los ganadores desde 1901.

Allí, rodeados de las fotos y logos de todos los galardonados, han decidido otorgarle el Nobel al Programa Mundial de Alimentos (PMA). Este viernes en el mundo, una de cada nueve personas no tiene recursos suficientes para comer y gracias al PMA hoy podrán alimentarse decenas de millones.

A finales de 2019, había 135 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda a nivel global, “el número más alto en muchos años”. Se teme que, debido a la pandemia provocada por la COVID-19, ese número se duplique hasta los 260 millones para finales de 2020.

Son tiempos de incertidumbre y desafíos, donde todos, asegura el Comité Nobel, corremos el riesgo de sufrir una crisis de hambre de proporciones inconcebibles. “Hasta el día en que haya una vacuna médica, la comida es la mejor vacuna contra el caos”, alegaron los miembros al justificar su elección.

A un océano de distancia, el representante del PMA en Cuba, Paolo Mattei, italiano y graduado de máster en Ciencias Agrícolas, docente, agro-meteorólogo y experto en alerta temprana, ha recibido la noticia en una mañana soleada en La Habana, mientras muchos de sus colegas de Naciones Unidas le enviaban sus felicitaciones.

“En tiempos desafiantes, el PMA es el testimonio de la solidaridad y la compasión global”, ha dicho en su Twitter, el administrador mundial del PNUD, Achim Steiner.

“Por primera vez se trata de una crisis global. Siempre estuvimos enfrentando como PMA crisis nacionales o regionales, pero ahora los países desarrollados y donantes también están afectados”, dijo a Cubadebate, Mattei.

Bajo los efectos de la COVID-19, donde la necesidad de recursos aumenta, la logística se complica por la ausencia de medios de transporte y los precios de los alimentos suben a nivel global, el PMA ha dado asistencia en los primeros seis meses del año a más de 85 millones de personas en 88 países.

La ayuda se ha materializado a través del envío de cargamentos médicos y alimentarios a gobiernos y socios del sector de salud, así como en el transporte de pasajeros mediante vuelos humanitarios.

“Ya era complicado alimentar a tantas personas antes de la pandemia, explica Mattei. Ahora es un reto no solo para el PMA, sino para todas las organizaciones de Naciones Unidas en los países en vías de desarrollo. Esto puede convertirse en una crisis pandémica de hambre. Si combinamos las dos cosas juntas, puede ser potencialmente catastrófico. El problema aumenta en lugar de disminuir, sobre todo en las zonas donde existen conflictos”.

Aunque con la llegada del coronavirus, todos los países han necesitado ayuda, a lo largo de los años el PMA ha operado principalmente en zonas en conflicto como Siria, Sudán, Afganistán, entre otras.

En un comunicado a propósito del premio, David Beasley, director ejecutivo del Programa a nivel global, dijo que “es un recuerdo de que la seguridad alimentaria, la paz y la estabilidad van juntas. Sin paz no podremos lograr el objetivo mundial de hambre cero, y mientras haya hambre nunca tendremos un mundo pacífico”.

A decir de Mattei, “el vínculo entre guerra y hambre quizás no siempre es claro. Seguramente este premio va a contribuir a levantar la discusión y el problema. Quizás va a sensibilizar más a los países: a poner más atención al hambre que a la guerra, a resolver los problemas de alimentación de su gente más que a combatir unos con otros, a invertir en alimentos más que en armas, a ayudar más en la alimentación de los niños”.

PMA en Cuba: Respuesta a desastres naturales y ayuda al desarrollo local

Representante del PMA en Cuba, Paolo Mattei.

Si Mattei tuviera que definir la principal ayuda a Cuba durante 57 años esta sería la respuesta a los desastres naturales, durante el paso de huracanes y del tornado en La Habana. Fue precisamente para asistir a las personas afectadas por el paso del huracán Flora que comenzó la colaboración del PMA con Cuba, la cual alcanza hasta la fecha 900 000 personas asistidas.

En el año de la pandemia, donde de inmediato se necesitan alimentos, el PMA ha concentrado sus esfuerzos en ayudar a los grupos más vulnerables, dígase ancianos, mujeres embarazadas y niños. A través de la Oficina del Historiador, por ejemplo, se entregaron alimentos en La Habana Vieja. Además, se sumaron a la distribución de arroz, frijoles y aceite a todos los Sistemas de Atención a las Familias (SAF) del país.

Pero la ayuda, advierte Mattei, no viene solo mediante la donación de alimentos. “Por un lado, debemos asegurar que estos grupos coman, pero por otro, no podemos continuar solamente dando alimentos, tenemos que desarrollar la capacidad para que el país produzca”.

Estas capacidades se materializan en apoyo técnico, fortalecimiento de capacidades o desarrollo de la agricultura, “porque, asegura el representante del PMA en Cuba, a largo plazo y en línea con la política de autoabastecimiento municipal del país, es importante fortalecer la capacidad productiva”.

En este sentido sobresale un proyecto reciente del PMA con financiamiento de Rusia para ayudar en la alimentación escolar y al mismo tiempo, fortalecer la capacidad productiva de los agricultores locales.

“No queremos dar solo alimentos a la escuela y finalizar el proyecto. Si logramos, con un mínimo de desarrollo económico local e infraestructura, que una cooperativa produzca y la escuela adquiera la producción para alimentar a sus niños, crearemos un vínculo que permita que haya sostenibilidad a largo plazo”.

En cuanto a la preparación ante desastres naturales, este año el PMA también ha donado a la Defensa Civil kits higiénicos y termómetros, para asegurar las medidas sanitarias ante la COVID-19 en caso de evacuación por el paso de un huracán.

Según Mattei, además de fortalecer las capacidades de respuesta ante el desastre, se está realizando un estudio de escenarios para un gran ciclón en La Habana y cómo debería ser la respuesta. Todo ello, sumado a la preparación que llevan a cabo hace años en el oriente de la Isla para enfrentar los terremotos.

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