Rusia y sus armas contra la pandemia de Covid-19

La pandemia de Covid-19 obligó a Rusia a poner en práctica en 2020 medidas urgentes para combatir esa enfermedad, a la par de un plan de modernización del sistema de salud y un programa para salvar la economía.

Lo primero, y que le dio respiro al sistema de salud nacional, fue cerrar de inmediato sus fronteras con China para evitar la propagación del virus a su zona oriental. Al menos dos meses fueron suficientes para trazar planes de contingencia y estudiar mejor la enfermedad.

Una vez decretados los primeros casos dentro del país, el gobierno organizó, por un lado, la construcción de al menos 30 hospitales multipropósitos, tarea encomendada al Ministerio de Defensa, y la transformación de toda la industria en función de combatir la pandemia.

El gabinete asignó fondos para potenciar la producción a gran escala de mascarillas, trajes de protección, espejuelos de seguridad, sustancias antisépticas y aparatos de respiración artificial, así como vacunas y medicamentos para reducir el efecto de la Covid-19.

La otra cara de la pandemia, es decir, la crisis económica provocada por las medidas de confinamiento y el cierre de empresas y negocios privados, el gabinete la enfrentó con el empleo del Fondo de Bienestar, creado por varios años con dinero de la renta petrolera.

Todos los ingresos de las ventas de crudo por encima de la cotización promedio establecida en el presupuesto iban a parar cada año a ese fondo.

Ello permitió dedicar cerca de 60 mil millones de dólares no solo para apoyar a las compañías, sino también a aerolíneas, ferrocarriles, pequeñas y medianas empresas, el sector de la cultura, al financiamiento de la construcción de hospitales y el subsidio al desempleo, entre otros.

Un momento importante en ese esfuerzo fue el registro de la vacuna Sputnik V y su posterior aplicación, tanto dentro como fuera de Rusia, en su tercera fase de pruebas clínicas. En Rusia, más de 150 mil personas fueron vacunadas con ese preparado basado en adenovirus humanos.

Además de la Sputnik V, el Centro Estatal Científico de Virología y Biotecnología ‘Vektor’ creó otra vacuna, la EpiVacCorona, basada en elementos sintéticos y cuya producción industrial, en medio de su tercera fase de ensayos, se inicia antes de finalizar 2020.

Mientras, el Centro Federal Científico y de Promoción de Preparados Inmunológicos ‘M.P. Chumakov’, de San Petersburgo, desarrolla su propio componente.

De acuerdo con la jefa de la vigilancia epidemiológica de Rusia, Anna Popova, actualmente este país trabaja en al menos 10 candidatos de vacunas contra la Covid-19 que están en diferentes fases de desarrollo.

La Sputnik V se aplicó a gran escala para médicos, maestros y trabajadores sociales, considerados los grupos de riesgo para adquirir la pandemia, dada la actividad que realizan con la población.

Uno de los principales retos de la farmacéutica nacional es lograr las instalaciones suficientes para potenciar su producción nacional hasta el nivel de más de un millón de dosis mensuales, lo cual podría garantizar una inmunidad de toda la población rusa para el próximo año.

La vacunación es gratuita y voluntaria en Rusia, mientras que la Sputnik V se comercializaría en el mercado mundial en cerca de 20 dólares, ambas dosis, inyectadas con un intervalo de 21 días.

Además, los bulbos de las vacunas poseen cinco dosis para igual número de personas y deben guardarse por debajo de los menos 18 grados centígrados, aunque la conservación llega hasta 31 grados.

Rusia, aunque fue la primera en registrar su vacuna contra la Covid-19 en el orbe, entra en una verdadera lucha por los mercados para vender su preparado, en medio de una fuerte presión política, mediática e incluso económica de Occidente contra la Sputnik V.

Aunque mostró una efectividad de casi el 96 por ciento, en Occidente se intenta desvirtuar su calidad. No obstante, en el año que concluye Brasil, Emiratos Árabes Unidos y Venezuela prueban en su población la vacuna, mientras China y la India producirán el preparado bajo licencia.

Lo mismo hará Argentina, mientras que la compañía sueco-británica AstraZeneca aceptó un acuerdo para emplear elementos del adenovirus humano usado por la Sputnik V para sus exámenes clínicos.

De esa forma, la Covid-19 fue un reto bien asumido por Rusia que le permitió evitar en este año el colapso de su sistema de salud, pese a que el número de casos sobrepasa los dos millones 600 mil, y adelantar planes de asistencia social y modernización de la atención médica.

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