Santiagueros con el nasobuco a cuestas

Prometí a unas jóvenes periodistas de Radio Mambí escribir sobre el tema. Renuncié a la sugerencia de hurgar en la historia porque no encontré los datos necesarios para reconstruir la historia del nasobuco; probablemente se remonta a los albores de la humanidad, al momento en que los hombres sintieron la necesidad de disfrazarse, de ocultar su identidad; esto es: al preludio de la existencia de la sociedad moderna. Cedo la palabra a los que pueden afrontar el problema: los historiadores. Pero, de todos modos tenía que cumplir lo prometido.

La búsqueda semántica resultó infértil. Los diccionarios ignoran el sustantivo nasobuco, ni el Sinónimos y Antónimos contribuye. En el de Saint de Robles busqué mascarilla, me remitió a máscara cuyos sinónimos no me sirvieron. Dejo el asunto en manos de los lingüistas. Solo averiguamos lo que sabíamos: que en otros lugar es el nasobuco se denomina mascarilla, cubre o tapa boca. En fin, el nasobuco existe aunque no esté en los diccionarios, fenómeno que no debe alarmar a nadie porque sucede con frecuencia: cuando se trata de incorporar voces populares la Real Academia de la Lengua actúa con parsimonia. En este caso lo que me preocupa es la quietud léxica del barrio, su desbordante imaginación para inventar palabras y giros, pero al nasobuco  solo se llama nasobuco, algunos dicen incorrectamente nasabuco, pero lo usan bien.

En resumen lingüísticamente los nasobucos no existen, sin embargo son esenciales para protegernos y tienen múltiples ventajas. Los hay de producción industrial y artesanal, prefiero los segundos. Su producción es sencilla y los costos son bajos: basta con un pedazo de tela de cualquier tipo, algo de hilo, una máquina de coser, una persona con voluntad y ya tenemos el nasobuco: es más fácil producirlo que utilizarlo, aunque las normas para usarlos son elementales. Falta el hábito. Hay que empezar por no olvidarlo a salir. A usted no se le ocurre arrancar para la calle sin antes cerciorarse de que tiene bien puesta la cabeza; pruebe a hacer lo mismo con el nasobuco. ¿Es difícil? Lo es, hasta que uno se acostumbra. Hay personas que usan doble nasobuco, por si acaso.

Nuestra humilde mascarilla tiene ventajas adicionales. El poeta Alexis DíazPimienta las sintetiza en un breve video de moda; Magdiel Pérez, desde el programa Haciendo Radio, invita a reír con nasobucoy todo, con los ojos. La mascarilla, protectora por definición, nos protege de personas a quienes saludamos por educación y ahora podemos obviar, nos salva de quienes se empeñan en platicar   cuando no podemos y de los amantes del besuqueo. Nos ayuda a disimular los estragos del tiempo en el rostro y si con todo lo anterior no bastara resulta que el nasobuco es uno de los pocos objetos que ha escapado de la fiebre encabezada por los revendedores cuyos precios desorbitantes ponen a temblar nuestros bolsillos.

La única desventaja significativa de la mascarilla es acostumbrase a usarla. Pero, uno se habitúa. Tenemos como precedentes a los quienes aprendieron a utilizar gorras o sombreros y ahora no quieren quitárselos. El nasobuco es importante por eso se exige su uso obligatorio en público. Si alguien lo dudase expone a que le pongan una buena multa para convencerlo del valor de una prenda que es ya parte de nuestra indumentaria. Y es bueno que así sea, que nos acostumbremos. Nadie puede garantizar que derrotada la Covid-19 no tengamos que lidiar con otras calamidades semejantes. Los científicos vaticinan que en el mundo irracional en que habitamos esa posibilidad es real yse incrementa cuando con nuestros desatinos desafiamos a la naturaleza o nos maltratamos nosotros mismos.

Para bien del nasobucosu producción evoluciona, aparecen diseños atractivos y solo estamos comenzando. Las conferencias de prensa del doctor Francisco Durán, el Director Nacional de Epidemiología, conquistaron a la audiencia por el tema, por las habilidades comunicativas del conferencista y por su nasobuco con la imagen Cuba. La periodista Yaisel Pardo concibió uno con las señas de identidad de su sitio en la Web.  No todas las ideas son tan buenas. Las hay polémicas; así ya inventaron producir nasobucos transparentes para mejorarla identificación, hay partidarios y detractores. No dudo de que habrá nasobucos sofisticados víctimas de la delirante imaginación comercial. Ya veremos, la batalla comercial solo comienza.

Lo que parece indiscutible es la necesidad de habituarse a usar la mascarilla desde pequeños, como hacen en los círculos infantiles donde los niños parecen más responsables que muchos de sus padres. Demos la bienvenida a las nuevas tecnologías nasobucales. Será bueno hacerlo sin exageraciones. De todos modos; algún día recordaremos con nostalgia las primeras mascarillas, aquellos nasobucos rudimentarios y coloridos. Por lo pronto, si no es mucho pedir, conminamos a utilizar bien nuestros humildes y eficientes nasobucos criollos, en ello nos puede ir la vida.

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