Belkis: El orgullo de ser maestra, la profesión más bella del mundo.

Belkis Bell

Santiago de Cuba, 21 de dic.-Cuando se realizó  la Campaña de Alfabetización en Cuba, Belkis tenía tan  solo 7 años. Esa es la única justificación que encuentra esta santiaguera al hecho de no haber participado activamente en esa hermosa proeza que llevaron a cabo adolescentes y jóvenes  en los primeros años de la Revolución Cubana.

Pero hoy, dice Belkis, “Me cabe el honor de haber estado por 41 años frente al aula, de sentir el cariño de jóvenes profesionales que me saludan y agradecen porque fui su maestra de sexto grado. Todavía disfruto cuando los niños  me dicen contentos y complacidos  que salieron bien  en la comprobación y todo lo respondieron bien gracias a los conocimientos que luego de recibir en clases, repasamos juntos”.

Y esa expresión tuvo su respaldo con Marcel quien cursa el séptimo grado en la Espino Fernández y Kevis Eduardo quien está en la Secundaria Básica de la Ciudad Escolar 26 de Julio, quienes se detuvieron por algunos instantes en la vivienda de Santa Úrsula 315 para saludar a Belkis.

“Es que la seño nos ayudó mucho, nos enseñó como entender la matemática, a amar la Historia, nos corregía cuando algo no salía bien, expresó Marcel mientras Kevis con una sonrisa pícara afirmaba que en la casa de Belkis él no tenía pena de preguntar las dudas”. Aunque agregó que tenía “una buena maestra de sexto grado”.

También Francis quien cursa el quinto grado en la escuela primaria Oscar Lucero  pasó ese día por la casa de  su querdida maestra porque, según le escuché decir: “salí bien en la prueba de Historia gracias a las exigencias de la seño. Lo que me repitió y me dijo que estudiara hasta aprendérmelo bien, fue lo que salió en la comprobación para ordenar cronológicamente”.

Belkis Bell además de sentir la satisfacción por el cariño y el respeto que le mostraron estos niños, tiene el orgullo de pertenecer al último grupo de maestros Makarenkos graduados en Cuba y ese fue el principal motivo de la visita a esta jubilada del sector de la Educación, quien con mucho gusto nos dio su testimonio…

“Yo estudiaba en la Secundaria Básica “Félix Varela” ubicada en el Reparto 30 de Noviembre,  cuando en 1967 los profesores comenzaron a hacer un trabajo de captación para que los alumnos se incorporaran al llamado de la Revolución por la necesidad que había de preparar maestros”.

“Por aquel entonces se inauguraban escuelas  y había déficit de maestros. Di el paso al frente, y cuando llegué a casa y lo comuniqué a mis padres imagínate, se pusieron muy contentos por mi decisión. Estudiar magisterio era una de las cosas más grandes que le podía ocurrir a cualquier miembro de una familia humilde en aquellos primeros años de Revolución”.

“En mi caso me correspondió ir a Minas de Frío. Aún recuerdo la subida a pie de aquella Loma de la Vela, una escalada muy agotadora y al llegar a la cima seguimos caminando hasta los albergues que eran unas naves de madera con hamacas en su interior. Allí nos dividieron las hembras para un lugar  y los varones para otros”.

“Luego de acomodarnos, a los dos o tres días, es lo que recuerdo, comenzamos las clases. Unos 13 alumnos nos concentrábamos en las aulas, bien distantes de los dormitorios, las que tenían piedras como asientos y unas sillas de madera hechas por los propios muchachos. Pero lo que sí había en cada aula era pizarra, tizas, borrador y un profesor muy capacitado, exigente y dispuesto para cumplir la tarea que era enseñarnos para ser los futuros maestros. Así aprendíamos cada día los nuevos contenidos y alcanzábamos buenos resultados”.

“Era una vida bien cronometrada. Aprendizaje en las mañanas y luego del almuerzo había estudio”.

“En Minas tuve una experiencia única, allí bajaba una nube que le llamaban el elicuatro, cuando ello ocurría todo se ponía blanco y no nos podíamos ver los unos a los otros aunque estuviéramos muy cerquita. Todo se ponía como empañado, era muy bonito. Era como sentir, ver y tocar las nubes, aunque no podíamos retenerlas en las manos”.

Belkis hace una breve pausa. Ella se puso de pie por unos instantes para mover las piernas, y al coger el bastón, fue que esta periodista imaginó por qué esta señora aún fuerte, tuvo que dejar el aula y continuar ejerciendo su vocación con los niños que en su propia vivienda le piden ayuda.

“Ahora paso mucho trabajo para caminar luego de un accidente que me dejó por casi un año en silla de ruedas hasta que me operaron  la fractura del tobillo por 3 partes, pero estoy aquí y doy las gracias a los médicos. Además, tengo muy presente a mi mamá quien se atrevió a ir a Minas de Frío a verme, subió la loma de La Vela y ello le enfermó la pierna para toda la vida pero nunca se detuvo. Ella es mi ejemplo incluso para enfrentar cada momento de mi formación como pedagoga”.

“Algo inolvidable para mí, fue la preparación que recibimos para realizar la actividad que caracterizó a los maestros makarenkos en nuestra formación, la subida al Pico Turquino. Íbamos a diferentes recorridos, San Lorenzo, a campamentos de los combatientes, subíamos montañas, atravesábamos ríos hasta que llegó el momento de la escalada que fue algo muy engorroso y peligroso”.

“La subida fue por tramo y de noche. Impresionaba el paisaje de ese lugar, los árboles, las flores. “Para subir al Turquino pasamos por un puente colgante que era una tablita con una soga a los lados para sujetarnos.  Nos orientaron no mirar hacia abajo pues el precipicio que estaba a nuestros pies era muy peligroso. Pero todos llegamos al Pico Turquino y vimos el busto de José Martí el mismo que subieron Celia y su padre”.

“Es una anécdota que  te hago y me asombra a pesar de los años. Solo jóvenes como estábamos pudimos enfrentar el peligro con tanta normalidad, es una historia que ha quedado atrás atrapada en la mente de los maestros makarenkos. Quienes egresamos del Instituto Pedagógico Makarenko fuimos un orgullo para la Educación cubana, pues hubo jóvenes de todo el país”.

“Este  primer curso en Minas de Frío fue una etapa decisiva para seguir adelante y ser maestra. Luego estuvimos un año en Topes de Callante, Villa Clara, residencia que había sido un Hospital hecho en las lomas del Escambray en la etapa de Fulgencio Batista para los enfermos del pulmón. Fue una etapa inolvidable pues allí se celebraran las fiestas de los quince años, había actividades culturales y recreativas”.

“Son recuerdos lindos que siempre van conmigo aunque uno  solo lo  comenta cuando encuentra a algún compañero de esa época de la vida”.

Tarará. Foto de Internet.

“Tarará en  La Habana fue otra de las etapas imposibles de olvidar, estuvimos en casas muy cómodas y con todas las condiciones. Ya allí hicimos prácticas docentes en el Internado Granma  en el Reparto Miramar, donde estaban niños sin amparo filial. Se nos exigía calidad en las clases y además esos pequeños eran como nuestros hijos. Los bañábamos, peinábamos, compartíamos con ellos las comidas, y les enseñábamos cada norma de conducta y los valores para que a pesar de ser hijos de la Patria, amaran a su Patria, a su Revolución”.

“Ya en 1972 en el Teatro Carlos Marx , es lo que recuerdo, hicimos la graduación que fue la última de los maestros makarenkos cubanos”.

Ciudad Escolar “26 de Julio” fue la escuela que acogió a Belkis Bell a su llegada a Santiago de Cuba luego de haber cumplido su servicio social en una zona rural, Dumañueco, en el municipio  Manatí, actual provincia de Las Tunas.

“Ser educador es la profesión más bella que existe en cualquier país del mundo porque de ahí depende la formación de los futuros profesionales”, fueron las palabras expuestas por Belkis al finalizar su testimonio no sin antes dejar rodar por sus mejillas dos lágrimas como muestra de la emoción por traer a su memoria los momentos vividos desde que dio el paso al frente para formarse como pedagoga hasta hoy, en que en la sala de su casa  repasa a sus niños.

Por su  experiencia acumulada en más de 40 años de trabajo, Belkis le aconseja a las nuevas generaciones de educadores amar su profesión. “El maestro tiene las mejores herramientas para formar valores e ideología, para enseñarle la historia a las nuevas generaciones y  que sepan de dónde venimos, el por qué debemos amar a Cuba, a Fidel, y a esta Revolución que fue y está  hecha para todos”.

Por: Agustina Bell Bell.

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