Lupe y su honra por ser de Santiago y del “Sierra Maestra”

Guadalupe Laffita Zamora (C), Licenciada en Filología en la Universidad de Oriente, junto a sus dos hijos, Josué y Adriana, estudiantes de Medicina, ha laborado por 33 años como correctora de prensa en el periódico Sierra Maestra de Santiago de Cuba. 24 de marzo de 2017. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ/sdl

Santiago de Cuba, 17 de ene.- Los santiagueros y santiagueras van y vienen por las calles con el orgullo de vivir en esta tierra rebelde, calurosa y seductora; bajan Enramadas, suben Padre Pico o el Paseo Martí y la sonrisa en el rostro y el chiste a flor de piel, felices de compartir este tiempo con sus aciertos, apremios y vicisitudes.

  Y es que entre las ciudades más fascinantes de Cuba está  Santiago,  de rico acervo histórico, patrimonial y cultural con el donaire y riqueza espiritual de su gente noble y guerrera, esa que se da cada día a la heroicidad en la vida, en el trabajo, en la salvaguarda de sus conquistas como si fuera el último.

  En ese espacio reconocido y amado hay muchas historias, extraordinarias o sencillas, como la de Guadalupe Laffita Zamora, quien  vive, trabaja, ama, se entrega en esa ciudad de ensueños, obrando con total desinterés y probada militancia en cada empeño colectiva con su especial sello.

  “Una mujer apasionada del trabajo”, es la mejor definición que ofrece de ella misma, y al actuar piensa siempre en una frase de José Martí de que lo importante en la vida no es hacer lo que una quiere, sino querer lo que una hace.

  Licenciada en Filología en 1984 en la Universidad de Oriente, ha laborado por más de 30 años como correctora de prensa en el periódico Sierra Maestra de Santiago de Cuba, donde resalta  su maestría profesional, consagración y confiabilidad, y “al que debo la responsabilidad y preparación adquiridas en mi oficio”, reconoce.

  Disciplina y modestia distinguen su trabajo, hasta cierto punto anónimo,  pues, aunque no aparece su crédito, allí todos saben que su mano está en la palabra exacta, el texto perfeccionado, la coma mejor colocada…, en resumen,  la redacción casi impecable.

  “Me encanta ser correctora de prensa,  la pasión por ese oficio aviva mi espíritu cada jornada en que me enfrento a la lectura de las páginas del periódico”, dice con sencillez, pero quienes la conocen bien saben que a cada línea leída le pone alma y corazón.

  Ella nunca se queda con dudas en el tintero, revisa y lo vuelve a hacer una y otra vez, investiga, consulta, escudriña, una palabra, un concepto, un dato histórico, tiene tal olfato en su función que es realmente una especialista de valía, con un bien ganado respeto en el sector periodístico.

   Evade cualquier elogio, no se atribuye ningún mérito individual, prefiere compartirlo en el Departamento de Redacción del “Sierra Maestra”, donde han aprendido una lección: el trabajo en equipo permite que cada sábado al circular la publicación los lectores se sientan satisfechos con lo recibido.

  Lupe, como se le conoce en el ámbito laboral y social, es también consagrada a una familia unida y colaboradora, se desvivía por su madre Lourdes que inesperadamente murió, cuando más necesitaba de su cariño,  y por su tía Gladys, con demencia, pero le queda el consuelo de haberla cuidado hasta el último instante.

  Ninguna de estas circunstancias difíciles y dolorosas menguó su espíritu y energías, alzó la cabeza y siguió su camino, segura de que muchas motivaciones hermosas y alegrías le quedan aún por vivir.

Indudablementela primera será  disfrutar de sus dos hijos convertidos en médicos;  Josué ya se graduó y cursa la especialidad en Medicina General e Integral,  y Adriana está  próxima a culminar los estudios, dos jóvenes talentosos, de almas generosas y nobles,  como hechos para la profesión de verdadero sacerdocio que escogieron.

  Haberlos forjado con esos valores, junto a su esposo, el reconocido periodista Miguel Ángel Gaínza Chacón, constituye el gran premio de Lupe, que ni su extrema modestia le permite ocultar.

  De trabajadores con tales virtudes se nutre el periódico Sierra Maestra, en más de  60 años de duro bregar,  y en el cual el aporte de la protagonista de esta historia ha sido clave como correctora de prensa de primera línea por más de tres décadas.

  Desde su creación en plena lucha clandestina en el Santiago rebelde y heroico de 1957, sus fundadores primeros, los que hoy ya están jubilados y el colectivo actual han contribuido a tejer una historia de lucha y trabajo que distingue a este decano de los periódicos cubanos.

  “Es un honor desempeñarse al  lado de muy buenos profesionales y demás trabajadores de un centro avalado por la condición de Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura en varias  ocasiones y que ostenta la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez”, destaca.

   Nacida en un modesto hogar santiaguero donde recibió las primeras lecciones cívicas, con gratos recuerdos de los edificantes años universitarios, y la suerte de forjarse en el contexto laboral en el periódico han hecho de Guadalupe Laffita Zamora una mujer realizada, según expresa.

  Amante de su Santiago, se confiesa sin rodeos, la ciudad que no cambia por nada ni siquiera por su notorio temor a los temblores, esos que le quitan el aliento y la hacen salir escaleras abajo desde el piso siete del edificio de 18 plantas de la céntrica avenida Victoriano Garzón, donde vive.

Por: Aída Quintero Dip.