6 de Octubre de 1976: Los campeones cubanos que nunca llegaron a casa

Santiago de Cuba, 6 de oct. – Como cada 6 de Octubre, imagino el rostro de los 73 pasajeros de la Nave CU-455. Terror, miedo, pánico, angustia,  desesperación… Cómo describir lo que  debieron sentir quienes luego del sonido de aquella bomba asesina tenían la muerte tan cerca, cuando había en  cada uno de ellos tanto por vivir.

Aquel era un avión que regresaba a Cuba lleno  de gloria. Los 17 esgrimistas colgaban en sus pechos las  medallas  de oro alcanzadas en el Cuarto Campeonato  Centroamericano de Esgrima. Viajaban llenos de esperanza y de futuro, y con ellos los  7 directivos, técnicos y entrenadores  que integraban   aquella inolvidable  delegación. Todos    confiados, esperaban compartir  la alegría del éxito con Fidel,  el pueblo de Cuba  y con la familia.

Los 48  pasajeros  (incluidos jóvenes guyaneses que viajaban a Cuba para estudiar Medicina y 10 tripulantes que se encontraban hospedados en Bridgetown, la capital barbadense, debido a la rotación del personal de la aerolínea Cubana de Aviación)  y aquella tripulación  encargada del éxito del viaje,  emprendieron, sin saberlo, el camino a la muerte, porque manos asesinas, de terroristas confesos  como los venezolanos Hernán Ricardo y Fredy Lugo habían decidido el destino de  73 personas inocentes, cuyo único delito fue viajar a Cuba, y   ser,  la mayoría de ellos, cubanos.

Cruel fue  el destino de quienes apenas habían dejado de ser niños  y ni siquiera pudieron disfrutar a plenitud del triunfo. Imagino hoy aquellos rostros felices, de esgrimistas haciendo  sus anécdotas, regocijándose en cada minuto que les dio la victoria… Siento la explosión de la primera y minutos después de la segunda bomba…  Veo la transformación de la risa en llanto de la alegría en la consternación…

Escucho las palabras de los pilotos…  ¡Cierren la puerta, cierren la puerta!

¡Eso es peor! ¡Pégate al agua, Felo, pégate al agua!…  y luego  el silencio… Todavía  escucho  la fatídica noticia.  Y  mientras  en Cuba  “un pueblo enérgico y viril llora” como diría el Comandante en Jefe Fidel Castro en su discurso de despedida a las víctimas del crimen de Barbados,  allá, en cárceles de Venezuela  diría Hernán Ricardo: Pusimos la bomba y qué…

La  más cruel e inhumana confesión de quienes pusieron la bomba en el CU –455 , la escuchó la periodista venezolana Alicia Herrera  quien tuvo    la osadía de   publicar  este  acto de terrorismo  organizado  por Luís Posada Carriles y Orlando Bosch en su libro: Pusimos la bomba y qué… La denuncia recorrió el mundo, y los asesinos siguieron sueltos.

Han pasado 43 años del atentado terrorista a la nace de Cubana de Aviación, y todavía quienes fuimos testigo del momento sentimos el dolor  por el sufrimiento de los familiares; por la angustia de Fidel quien no descansó para hacer justicia, aunque la CIA siempre protegió a los culpables.

Hoy transcurre otro 6 de Octubre. Los autores intelectuales del hecho, los verdaderos culpables  ya no están para ser juzgados por la Ley ni para seguir burlándose  del irremediable daño.  Pero  aún quedamos  nosotros  para seguir acusando del crimen al imperialismo yanqui y su enfermiza obsesión de querer eliminar el ejemplo que irradia al mundo la invicta Revolución Cubana.

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