A la Revolución hay que cuidarla como la niña de los ojos

 Santiago de Cuba, 30 de oct.- Varias generaciones de cubanos han nacido, crecido y actuado bajo la premisa e ideas de que a la Revolución hay que cuidarla como la niña de los ojos, y en ese sentido han obrado con compromiso e intensidad para hacerla fuerte y perdurable.

Una Revolución que a las puertas de su aniversario 60, el venidero primero de enero de 2019,  se erige como un faro de luz solidaria que guía y alumbra más allá de las fronteras nacionales.

A los nacidos en esta heroica tierra les asiste el privilegio histórico de ser contemporáneos con un hecho más grande que nosotros mismos, que precisa salvaguardarse a toda costa como garantía también de preservar nuestra propia existencia.

Ese sentido de pertenencia a un acontecimiento tan trascendental en la vida de cada ciudadano de esta Isla,  se ha enraizado a tal punto de que  hay conciencia en la mayoría de la necesidad de trabajar y luchar por defenderlo contra viento y marea.

Saben del privilegio histórico de contar con una Revolución  de los humildes, con los humildes y  para los humildes, que encabezó el invicto líder Fidel Castro; que ha enfrentado con la cabeza erguida la adversidad y un genocida bloqueo por más de 50 años, con el mérito adicional de edificar una obra grandiosa para beneficio del pueblo.

La primerísima deuda es con los más de 20 mil mártires que ofrendaron su sangre generosa  en aras de la libertad; y también con un pueblo noble y fiel, el principal protagonista de la epopeya que representó la victoria del primero de enero de 1959.

A fuerza de voluntad y coraje los revolucionarios cubanos han convertido este proceso en invencible e irreversible, convicción fundamentada en la fortaleza política y solidez ideológica  de un pueblo heroico y abnegado capaz de los mayores sacrificios.

Y también capaz de responder ante cualquier reclamo de colaboración y solidaridad,  no solo en la Patria sino fuera de fronteras, con  una vocación de servir desconocida en el mundo de hoy.

Esa tradición de lucha y  probado patriotismo  tiene importancia vital en la formación más integral de las nuevas generaciones,  a la que tenemos la responsabilidad de inculcar valores  para que sepan tomar bien las banderas, defender los principios y la obra conquistada, para darle continuidad a la Revolución.

Los cubanos han aprendido bien una lección: La Revolución no solo se cuida en el terreno de las armas, sino también en el de las ideas, porque a pensamiento es la guerra que se nos hace y hay que ganarla a pensamiento, como bien advertía José Martí desde pasados siglos.

Otra importante batalla en la mira de los nacidos en esta tierra es la de luchar con todo su arsenal en el campo de la economía, en tiempo de actualización de su modelo económico, en aras de su desarrollo y consolidación, enarbolando la bandera de la eficiencia en primer orden.

Este combate que hará culto al buen hacer, no tendrá tregua con lo mal hecho, con las manifestaciones de delito, corrupción e ilegalidades,  la chapucería en el terreno de la calidad,   las negligencias  e ineficiencias en los puestos laborales,  ni con el despilfarro ni las indisciplinas de todo tipo.

Por eso el pueblo está convocado a  entregarse de lleno a las tareas  y cumplir nuevas misiones que implican, sobre todo,  hacerle un monumento al trabajo creador,  para celebrar con resultados en todos los frentes el aniversario 60 del triunfo de la Revolución y honrar el legado de Fidel.

Por: Aída Quintero Dip .

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