A los que maquillan nuestras calles…

Santiago de Cuba, 15 de feb. – Todavía falta un buen rato para que asomen los primeros rayos de sol, y él ya comienza a prepararse para salir a su jornada diaria. Mientras ella, recostada junto a la puerta de la casa, le espera, para a su lado comenzar el día.

Minutos más tarde, juntos comienzan a hacer ese recorrido que ya conocen casi de memoria y que los lleva a transitar gran parte de la ciudad. En el camino van diseñando una estrategia que cambie el ambiente del paisaje que los rodea.

De momento, como si empezara a sonar una sinfonía, ambos comienzan una danza, que nadie sabe si es a dos, tres o cuatro compases, no importa si es con la cadencia del danzón o el ritmo arrollador de una conga, lo único seguro es que a su paso borran los vestigios de descuidos o indisciplinas sociales que unas horas antes habían atentado contra la belleza de la urbe.

Cuando ya salen las primeras luces del día y la quietud de las calles es inundada por la vorágine de quienes cada mañana se disponen a escribir otras historias escolares, sociales y laborales, a ellos muy poco se les ve o se les identifica, ya han dejado del escenario y se camuflajean entre la multitud. Una multitud que disfruta del agradable ambiente que otros le han preparado con mucho cuidado.

Así cada día, desde el anonimato, el barrendero y su compañera fiel, la escoba, protagonizan una obra de arte que podríamos adjudicar al teatro, la danza o las artes plásticas, pues ellos, son capaces en muy poco tiempo de construir un bello paisaje o escena en el entorno que habitamos. 

Por eso este quince de febrero llegue a ellos nuestro saludo y felicitaciones en el día del trabajador de servicios comunales, para que les sirva de inspiración y continúen por mucho tiempo esta importante labor de beneficio social.   

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