A los santiagueros nos gusta

Santiago de Cuba, 21 de nov. – Asegurarnos de quiénes somos. A muchos nos gusta andar por nuestras calles, deambular por lo que somos. Cuando vamos de compras sabemos agradecer y sufrir en los mercados y regresar a nuestro hábitat primero: el barrio, saludar, palparnos los bolsillos y comprobar que la realidad existe másallá de proclamas, decires, reuniones y otros eventos. Somos fieles sin alardes, sabemos de dificultades y limitaciones, pero sobre todo de qué lado estamos: la fidelidad es una de nuestras virtudes. Discutimos y hasta peleamos pero a la hora cero nos ponemos de acuerdo: tenemos a mano la terquedad de los insistentes.

Nos sentamos ante el televisor. Conocemos de las nuevas medidas para robustecer la economía y de los progresos del equipo de beisbol que aprobó su primer gran examen y clasificó para la final. Ahora viene la segunda prueba y eso es bueno porque la vida, como el deporte, es una cadena de pruebas: quizás por eso le pedimos más a los muchachos. Sabemos que nuestros líderes – no digo nuestrosjefes,aunque hay jefes que también son líderes-, combaten con nosotros: estamos en el mismo equipo. Y sabemos muchas cosas más como, por ejemplo, el significado de la palabra constancia que es la capacidad de seguir andando.

Cierto: están los que nunca pudieron aunque lo intentaron; eso no es noticia, como tampoco la es que hay personas adictas a las justificaciones y otras que dicen una cosa y hacen laopuesta, tal vez por falta de memoria. De todo eso hay. Pero están, -estamos-, la mayoría; los que no nos sale de adentro ceder , – no declaro el lugar porque es ampliamente conocido- pero es de ahí mismo de donde nos salen las cosas, y qué cosas. Mas nadie tiene la obligación de sorprenderse ni devanarse los sesos para entender porqueactuamosasí: la razón es harto sencilla, somos santiagueros.

Estamos atentos a los otros, nos gusta conversaraunque en muchas ocasiones no dejamos hablar a los demás, especialmente si nos contradicen y tratan inquietudes para las cuales carecemos de respuestas aceptables. Nos agrada tener la razón, inquirir sobre los asuntos más diversos incluso sobre los cuales sabemos nada. Comentamos lo que dice el Instituto de Meteorología y comprobábamosque los científicos saben por dónde anda el nuevo huracán y, sin embargo, con tanta ciencia a cuestas no reparan en que los precios andan más arriba : por las nubes y, lo peor, los ciclones se desplazan,son activos, llevan ventaja sobre los precios que, en el mejor de los casos, son tan perezosos que se niegan a bajar.

Nos gusta departir y compartir, tenemos experiencias, sabemos serpara los demás. A veces se nos va la mano; esta expresión no será muy científica y es difícil explicarla razonablemente, pero es lo que se percibe. A la mayoría nos gusta colaborar en lo que sea, todo está en que alguien lo pida o sugiera para que ayudemos a echar una placa o a liquidar alguna botella. Esta propensiónpara servir al otro no es privativa del barrio, pero allí tiene sus expresiones más genuinas. Suena feo decirlo pero en ciertos ambientes intelectuales esa solidaridad abierta no es visible. ¿Será que son más discretos? Nadie se preocupe, en este texto no desarrollaremos el tema, le propongo dedicarle untrabajo aparte.

Somos muchos los que nos sentamos ante la pantalla para ver el noticiero de televisión o disfrutamos y nos informamos con Radio Mambí. A veces notamos que falta algo por decir, lo difícil es definir con exactitud qué. No siempre estamos de acuerdo entre nosotros ni con nosotrosmismos. Insistimos en asuntos presentes o exponemosnuestras tesis sobre el futuro las cuales, en ocasiones, másque tesis son deseos. Y cuando logramosconsenso, pensamos que no hay poder alguno capaz de aportar remiendos eficacespara esa aventura denominadavivir y sospechamos que de todos modos cadauno tiene que ponerle un parche a su corazón para construir la realidad entre todos.

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