A Mariana el homenaje martiano

Mariana Grajales murió en Kingston el 27 de noviembre de 1893 y la noticia conmueve a toda la emigración Cubana. Es José Martí de los primeros en mostrar pesar y congoja, vaciando su tintero en dos notas necrológicas que constituyen las descripciones mejores logradas sobre “la cubanísima mambisa”.

En el artículo “Mariana Maceo” que el apóstol publica el 15 de diciembre de 1893, destacó los valores de esta extraordinaria cubana, capaz de mantenerse durante diez años en la manigua insurrecta junto al resto de la tropa mambisa viendo caer muertos o heridos varios de sus hijos y a su esposo, a quienes había hecho jurar que lucharían por la independencia de su pueblo o morirían en el empeño.

Con su entereza y valentía Mariana Grajales Cuello se convierte en ejemplo para los que peleaban contra el régimen colonial y de esa actitud escribe el mas universal de todos los cubanos “si me hubiera olvidado de mi deber de hombre, habría vuelto a él con el ejemplo de aquella mujer”.

Las anécdotas escritas y divulgadas por el líder intelectual y organizador de la lucha patria son varias, pero dentro de ellas resaltó la abnegada labor de la madre de todos los cubanos en los hospitales de sangre y su firmeza de carácter para soportar las vicisitudes de la vida en campaña.

Fue Mariana en oposición a la vida ruda y azarosa de los campos insurrectos, la mujer amorosa, que a pesar de todo no perdió la ternura y las amplias características maternales que siempre la identificó. No por casualidad Martí la llamó “Madre de Héroes”

El 6 de enero de 1894 vio la luz editorial el segundo artículo que tituló “La Madre de los Maceo”, aquí el patriota y Delegado del partido revolucionario Cubano escribe con profundo sentimiento de respeto: ¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida , que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo , y como de entrañable afecto?, así queda en la historia , sonriendo al acabar la vida , rodeada de los varones que pelearon por su país, criando a sus nietos para que pelearan”.

En ese mismo articulo Martí hace mención de una de las anécdotas más conocidas acerca de Mariana Grajales ocurridas en el momento que fue llevado al hospital de Sangre, su hijo Antonio, muy mal herido y todas las mujeres rompieron en llanto, escribe el apóstol que la intransigente mujer se alzó la voz enérgica,“ ¡Fuera, faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas! Traigan a Brioso.” Y a Marcos, el hijo , que era un rapaz aún, se lo encontró en una de las vueltas: “¡Y tú , empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento!”.

El hombre de la ardiente palabra escribió y dijo todo lo que sintió hacia esta heroína Cubana, su verbo magnífico volcado en las escrituras de sus artículos, retratan los valores y virtudes maternales y patrióticas que el maestro consideró paradigmáticas de aquella mambisa cubana muchas veces venerada y admirada por su pluma

Dedicada a esa dimensión de madre y patriota que Martí le atribuye a Mariana Grajales, es esta frase que acuña su devoción por la legitima savia del vientre heroico : “Toda madre debiera llamarse maravilla”

Hoy los restos de la madre de los Maceo fueron trasladados a su ciudad natal en cumplimiento al deseo martiano de que un día se le diese sepultura en su tierra.

Allí en el Cementerio Santa Ifigenia, recibe cada día el merecido homenaje de su pueblo.

Escrito por Santiago Carnago

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