Adagio desde tu recuerdo

No hay día de esta difícil jornada en que no piense en ti y te imagino alzando tu índice para orientar a tus hijos, formando batallones de batas blancas para salvar vidas aquí y allá, examinando hasta el mínimo detalle, creando fortalezas para vencer al virus que nos azota.

Se que estás entre nosotros, en las sabias decisiones que se adoptan, en cada análisis, en cada entramado de inteligencias, de voluntad y de amor; en cada gesto solidario y de altruismo demostrados en el actuar cotidiano de nuestros médicos dondequiera que estén.

Querido padre, se que estás en cada aplauso, en cada poesía que evoca el trepidar de muchas manos, cuando se revela amor, humanismo, solidaridad… y sabes que el riesgo nos enaltece al desafiar el contagio. Se que estás ahí detrás de cada juicio oportuno, detrás de cada batalla cuando se le gana un nuevo escalón al mal que acosa.

Aquí estamos tus hijos como bien nos enseñaste, dando lo mejor de si, cada cual en su justo quehacer, cual una batalla de todo el pueblo, entretejiendo acciones que revelan heroísmo y traspiran revolución en el más mínimo acontecer de entrega.

Algún día llegará el resumen y el saldo es presumible. Los cubanos saldremos crecidos en valores y fortalecidos al igual que en otros difíciles momentos pasados; habrán otros, aquellos obstinados pesimistas y pescadores de “gazapos”, quienes bajarán el mentón y en silencio también darán las gracias.

Muchas serán las lecciones aprendidas sobre todo para los que no conocían la estatura de nuestro caimán, para los que pensaban que el dinero todo lo puede, para los que volteaban la cabeza y cerraban los ojos ignorando el dolor de los demás y es que la gloria del mundo atrapada en un grano de maíz, devino abrazo solidario para vencer a la muerte.

Para los cubanos es práctica cotidiana extender la mano y no obramos con desprendimiento para escalar la cima de la heroicidad, basta “…dar un beso al mundo y nada más”, al decir de la canción, y eso se traduce en los cientos de galenos, quienes más allá de las fronteras, batallan por la vida de muchos aquejados por el virus, venciendo desafíos y henchidos de amor; eso es lealtad a los principios aprehendidos desde el colofón de nuestra historia. Eso es Revolución.

Y cuando llegue ese día del resumen se que estarás ahí y no solo daremos el aplauso, llegará el examen obligado y nos descubriremos como frente a un espejo con una imagen, devenida real, más erguida, más robusta, más persuadida de la razón humana… seremos, cada vez, más dignos de ser cubanos e hijos merecedores de tu abrazo y con un nuevo influjo emprenderemos una marcha difícil convencidos de que la historia crecerá.

Escrito por Mercedes Acosta Fornaris

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