Almeida, el hombre que dio tanta luz a la Patria

Santiago de Cuba, 3 de ene. – La vida y obra del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, un hombre imprescindible en la Revolución cubana, hay que asociarla a la alegría que siempre le acompañó y a esa luz especial que siempre irradió.

Sí, porque una luz singular ilumina a Santiago de Cuba hace seis años, cuando le nació otro centinela a la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, con el emplazamiento de una imagen gigante de Almeida, a un costado del Teatro Heredia, en la Ciudad Héroe.

Desde la inauguración, el 24 de julio de 2013, por el aniversario 60 de la gesta del Moncada, de la cual él fue uno de sus osados asaltantes, se siente más honrada la tierra que lo cautivó desde el primer día y le entregó un especial cariño.

Y hay mucho orgullo manifiesto en esta tierra y en sus hijos e hijas porque Raúl Castro señaló una vez que Almeida era el combatiente que más se parecía a Maceo, y ahora la historia ha unido en una plaza a esos dos genuinos héroes, símbolo de hidalguía y honor.

El guerrillero de la Sierra Maestra, devenido una de las personalidades históricas más queridas de la Revolución, se encumbró otra vez para darle la mano al valeroso general de las guerras independentistas de Cuba en el siglo XIX, y ser vigilante perenne ante quien intente dañar la tranquilidad de la Isla.

Como para acentuar la estirpe del Comandante Almeida, la obra lleva la inscripción Aquí no se rinde nadie, frase convertida en uno de los símbolos de la Revolución que él pronunciara  durante el combate en Alegría de Pío, en diciembre de 1956, bautizo de fuego del futuro Ejército Rebelde con Fidel Castro al frente.

Todos piensan que fue ideal colocar la imagen en un sitio emblemático de la cultura y entorno patriótico de sostenido diálogo con el Titán de Bronce, ya que su legado va más allá de la lucha revolucionaria, al  incursionar en el arte como escritor y compositor musical, faceta que lo avalan sus más de 300 canciones.

Con razón se afirma  que como Heredia fue un cantor de la Patria, al poner  poesía en cada obra edificada, y también música para reflejar la alegría del pueblo.

Como hombre de cultura, mereció el Premio Casa de las Américas en 1985 por Contra el agua y el viento, texto conmovedor que devela magistralmente los hechos ocurridos tras el paso del ciclón Flora por nuestro archipiélago, en 1963.

En su bregar como intelectual se incluye, también, La única ciudadana, volumen publicado en 1985, en el que evoca los tiempos de la Sierra Maestra, la formación del guerrillero, las primeras escaramuzas, los contactos con el campesinado, el paisaje  exuberante y acogedor que le rodeó en los días de la guerra.

Entre sus canciones sobresalen  “La Lupe”, “Este camino largo”, “Mejor concluir”, “Vuelve pronto” y “Mejor diciembre”. Esa vocación por la música lo  llevó a firmar varios discos como Elegía, donde están contenidas piezas consagradas a la Patria y a sus mártires, José Martí, Antonio Maceo e Ignacio Agramante.

Sus temas “Dame un traguito” y “Déjala que baile sola”, entre otros que hicieron bailar a muchos, lo acreditan como un importante compositor de música popular cubana.

Juan Almeida Bosque es de esos hombres excepcionales, bravura y entereza distinguieron su impronta en el combate, fue nombrado Comandante en febrero de 1958 y cumplió por orden de Fidel Castro, la misión de organizar y dirigir  el III Frente Oriental Mario Muñoz  para potenciar la ofensiva hacia la soberanía nacional.

Al triunfo, en 1959, asumió nuevas responsabilidades como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba  y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por la tierra santiaguera, a la cual se vinculó siempre quien relució en su pecho la Estrella de Héroe de la República de Cuba.

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