Amar con todo el cuerpo

Santiago de Cuba, 14 de feb. – Hace algún tiempo el 14 de febrero se identificaba solo con el día de los enamorados, ahora se dice que es el día del amor y la amistad, y no está mal: la amistad se realiza como una de las muchas manifestaciones del amor. Y, al amor y a la mistad hay que cuidarlos porque son partes de ese todo hermoso e inmenso que se llama la vida. Pero, dejemos estas cuestiones enrevesadas a los científicos y pensemos en el Día del Amor, con mayúsculas, eso proponemos.

Amar con todo el cuerpo insta e incita, percude o libera, exonera o implica. Más, siempre significa. Nos hace felices o desdichados, pero sobre todo nos conmina a seguir. Ahorita le cuento una anécdota. Qué otra cosa puedo hacer que no sea invitarlos a participar en el convitede la existencia, a la narrativa de ser, esa que está por encimas de disquisiciones y pareceres, de buenas y malas intenciones, de suspicacias y exquisiteces, de mediocridades, nimiedades y halagos. La vida, tan prodiga solo nos da una oportunidad.

Nos ofrece el día 14 y debemosaprovecharlo para amar con todo el cuerpo y no con una parte de él, a pesar de las conclusiones de un evento de imaginación que convocamos a fines de los noventa en la Escuela de Turismo de Cubanacán, de Santiago, donde hubo propuestas que sugerían lo contrario. De inmediato le cuento: las anécdotas empiezan a ser imprescindibles. El objetivo del concurso era hacer previsiones que contribuyeran a burlar el periodo especial que tantos males nos trajo. Aquí van dos.

-Para distribuir democráticamente el nuevo concepto de racionamientoproponemos: en vez de racionar ropas y alimentos, racionar la tristeza, la soledad y la nostalgia. Distribuirlos a partes iguales, con independencia de grupos sexuales, sociales o etáreos. Esta nueva forma de razonamiento contribuirá a la paz de los espíritus y, por consiguiente, a las de los estómagos.

-Actualizar el sentido del concepto cumpleaños. Festejar el cumpleaños del ojo izquierdo o de la pierna o el brazo derechos, pero nunca del vaso derecho. Observación: se autoriza celebrar el aniversario delriñón a secas si el celebrante solo tiene uno. El cumpleaño en singular como sustituto del cumpleaños de todo el cuerpotiene ventajas, es más eficiente, modesto y económico. Además, si rotamos los órganos objetos de agasajo, si somos sistemáticos, al cabo del tiempo, recuperaremosel cumpleaños tradicional entendido como homenaje al concierto de la totalidad denominada cuerpo.

Quizás si obramos del modo que nos propone la segunda sugerencia descubriríamos un universosorprendente, incluso podríamos salir del Tercer Mundo, donde sobran naciones. Pero habríaque alistar el tino y ser cuidadosos no vaya a ser que terminemos por irnos al Cuarto Mundo, que dicho sea de paso aunque no se menciona existe, y al paso que vamos, si dejamos que el neoliberalismo se salga con la suya, la relación tendrá nuevos miembros.Hago esta advertencia no porpesimismo sino por temor a los excesos a los que somos tan afectos.

Me parece que después de hacer pedazos al individuo podríamos reconstruirlo para que ame con todo el cuerpo. Me agradaría que la persona reconstruida fuera leal, solidaria, amiga y agradecida. Que estuviera dispuesta a correr nuestros riesgos, los peores: los cotidianos; que fuera capaz de caminar por las calles de Santiago de Cuba con el orgullo de pertenecer. Claro, cuando usted camina encuentra buenas y malas personas, buenas y malas situaciones e incluso algunas inclasificables. Pero usted sigue su camino por una razón muy simple, sabe que son muchos los que caminan con usted.

La tarea de amar con un pedazo del cuerpo aunque sea el alma, que nadie sabe bien donde está, es posible. Pero yo sugiero amar con todo el cuerpo, intentarlo porque a veces ni todo el cuerpo alcanza. En este dilema no se puede como, con el cumpleaños, partirlo en secciones. Eso no se puede intentar ni en los concursos, ni en la ficción, ni en la realidad. Hay que amar con la cabeza, con el corazón, con las manos, con los tobillos, tanto el izquierdo como el derecho, y quien sabe con qué otras parte del cuerpo, ese mismo que a veces nos parece incómodo por la cantidad de partes que tiene pero para amar suele quedar chiquito.

Si no aprendemos a amar amar con todo el cuerpo no podemos disfrutar de Yolanda, de Pablo Milanés, ni de El necio, de Silvio Rodríguez, ni de los textos de Galeano, García Márquez o Juan Rulfo, ni de los desasosiegos de nuestro equipo de pelota, ni de la conga santiaguera, ni de la tremenda grandeza que subyace en el gesto de humilde solidaridad de un vecino. No podemos siquiera sufrir la irregularidad de un aspaviento, el error que nos duele reconocer, la calidad ajena que admiramos. Si no amamos con todo el cuerpo no podemos disfrutar de un paseo por Enramadas, ni conmovernos cuando vamos al cementerio patrimonial Santa Ifigenia, ni mucho menos cuando abrazamos a una mujer que está a nuestro alcance y que simplemente agradece.

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