Amor sublime hacia los símbolos patrios

Santiago de Cuba, 6 de abr. – Los padres, madres, abuelos y maestros tienen el deber sublime e insoslayable de educar a los hijos en el amor, respeto, veneración y colocación de los símbolos patrios en el pedestal más alto de los valores identitarios que distinguen a un pueblo, a una nación.

Cuba, la Patria nuestra tan querida, tiene la suerte de estar llena de símbolos que hacen vibrar el alma: la Bandera de la Estrella Solitaria, el Escudo de la Palma Real y el Himno  Nacional son los más sagrados.

Pero también esta tierra amada atesora atributos como la Flor Mariposa, la Palma Real y el Tocororo, que nos identifican en cualquier lugar del mundo.

Cada uno proporciona sentimientos, valores y legados, nutren el espíritu y de hecho lo fortalecen para dar paso a una vida de entrega y hasta de felicidad, y a las acciones más heroicas, que sin esa energía vital tal vez seríamos incapaces de asumir o protagonizar.

Cuando se está lejos de la Patria escuchar apenas la música de esa ardiente estrofa: Al combate corred bayameses, puede hacer que el corazón palpite con mucha más fuerza y provocar hasta sentidas lágrimas.

Ver izar la Bandera en lo más alto del podio olímpico o de otra competición deportiva internacional y contemplar al atleta recorrer el estadio abrazado a tan entrañable símbolo, suscita emociones únicas.

Cada uno tiene su historia vinculada al acontecer de estearchipiélago donde se ha nacido y muchos quisiéramos también morir, para ser enterrados a la manera de la poetisa matancera y cubana Carilda Oliver Labra: Con toda la tierra encima.

La Bandera cubana, por ejemplo, ha escoltado a su pueblo en cada combate, presente siempre en las luchas por la libertad, ayer junto a los mambises y rebeldes; hoy, acompañando a los compatriotas en incontables batallas dentro y fuera de las fronteras.

Cuba también atesora otra herencia tangible, sus héroes y mártires que enaltecen la gloria del terruño, pueden ser los que dejaron la vida en el combate silenciosa de la clandestinidad, en el Moncada, en la Sierra Maestra, en Girón, en Cuito Cuanavale, en misiones en las entrañas del monstruo…

Cuenta con museos y monumentos para perpetuar ese patrimonio histórico y revolucionario que nos honra; ahí se yerguen los mausoleos que guardan los restos de José Martí, en el cementerio Santa Ifigenia, y el erigido en honor a los héroes y mártires del II Frente Oriental Frank País.

Este suelo posee la tumba de excelsos patriotas como Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte, y la piedra, cual grano de maíz donde cabe toda la gloria del mundo, que atesora las cenizas del eterno líder de la Revolución  Fidel Castro.

Tiene a Camilo, al Che, a Almeida; posee tradiciones, combatientes del Ejército Rebelde y la lucha clandestina, Héroes del Trabajo, personalidades míticas de la ciencia, la medicina, la pedagogía, la cultura y el deporte que son patrimonios de esta nación forjada con la gloria de sus mejores hijos. Preservar tan rico legado constituye el gran desafío de las generaciones de hoy ante un mundo globalizado y frente a un imperio que quiere hacer prevalecer su hegemonía a toda costa y a todo costo.

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