Ante indisciplinas sociales, estocada a fondo

Santiago de Cuba, 20 de ago. – Deber ciudadano es convertir las comunidades en sitios de agradable estancia, de esparcimiento sano y convivencia armónica, lo que aporta sustancialmente a una existencia plena y edificante.

Educar y también enfrentar son acciones que precisan de cada día de nuestras vidas, ya que a la proliferación de indisciplinas sociales que tanto laceran hay que darles una estocada a fondo.

Sensatez, orden  está pidiendo ese fenómeno que se manifiesta de diversas maneras, y que en ocasiones resultan agresivas en hogares,  calles,  guaguas, unidades de servicios, y otros sitios públicos, donde cada vez hay  mayor reclamo por cultivar la ternura y el respeto hacialos semejantes.

Una estocada a fondo, repito, necesita ese fenómeno que no es nuevo, pero por su incidencia en la vida de las personas y de la sociedad en razón del perjuicio que provoca,  el combate abierto y sistemático parece ser el único antídoto ante ese mal.

La situación del transporte y de combustible, por ejemplo, no justifica que se resquebraje la disciplina a tal punto de formar desorden  en las paradas de los ómnibus públicos, donde a la hora de subir a dichos vehículos entra en juego la ley del más fuerte, sin considerar  la presencia de niños, mujeres, embarazadas, ancianos…

Inverosímil es el comportamiento de quienes se muestran irrespetuosos y hasta indecentes, desde llegar a un lugar donde nadie te quiere orientar, decirte que es el último en la cola, o simplemente contestarte el saludo, u ofrecerte una sonrisa.

Inexplicable es esa evidente paradoja entre el alto nivel de instrucción que distingue a nuestro pueblo, con el poco nivel de educación expresado por algunas personas y reflejado en un mal comportamiento social.

La responsabilidad no es solo de la escuela, sino  fundamentalmente de la familia que tiene la obligación de enseñar desde la cuna y fomentar después hábitos y valores que deciden en la formación de la personalidad, considera la joven maestra Helen Texidor, de El Caney.

Buena parte de esa batalla se ganaría si se comprendiera que muchos de los problemas de una convivencia social negativa, que preocupa a la familiay la sociedad, pudieran resolverse -o atenuarse- al practicarse  una buena comunicación social.

Tales situaciones pueden ir solucionándose en la medida en que se logre una convivencia social armónica, que se alcanza con una comunicación directa, de características positivas, sin posición acusadora  ni ambigüedades. Un matiz de afecto que ayude a llevar agradablemente la vida, es también una estocada directa a las indisciplinas sociales.

Una voz autorizada como la doctora en Ciencias Pedagógicas Aleyda Márquez, apunta que cuando se respetan las normas y los valores propiciamos una convivencia aceptable,  que fluye, pero si algo se transgrede se pierde ese equilibrio, imprescindible para ofrecerle felicidad a la existencia de cada cual.

Nuestra grandeza como pueblo también está en la capacidad de crecernos y probarnos ante situaciones difíciles que son, igualmente,  definitorias porque convocan a la proeza y al heroísmo a los cuales muchos santiagueros han hecho culto.

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