Arelis Yudith, maestra de raíz y alma

 Santiag ode Cuba, 22 de dic.- Bien sabe Arelis Yudith  Ochoa Chaveco por qué siempre late en su corazón un pensamiento martiano que se esmera por hacer realidad en su desempeño cotidiano: “…el desarrollo de una sociedad tiene sentido si sirve para transformar a la persona, si le multiplica la capacidad creadora…”

El círculo infantil Mis zapaticos, ubicado en La Risueña, en la  ciudad de Santiago de Cuba, es el sitio escogido por ella para aplicar ese concepto, esa es como su casa grande, donde se las ingenia para darles ternura a todos los  niños y niñas que le profesan un cariño muy especial  cada mañana.

Ese fue su primer centro laboral desde hace más de 27 años y ella  intuye que será el único, por lo satisfecha que se siente rodeada de los  infantes, quienes saben acrecentarle las alegrías y las nuevas emociones para que nunca le falte amor para entregarles.

 Arelis Yudith se tituló en la Escuela Formadora de Maestros Frank  País, de la Ciudad Héroe,  donde en el segundo año de la carrera optó  por ser Educadora de Círculos Infantiles y “estoy  feliz de haber escogido ese camino, pues me ha ido de maravilla”, expresa.

 Esta maestra de alma y corazón confiesa: “Evidentemente nací para enseñar, me gustan los pequeños, me encanta  trabajar con ellos, disfruto a plenitud de su compañía, de sus  travesuras y hasta de sus perretas, pues he aprendido a ganármelos con cariño y más cariño”.

   Ella se interesó por la especialidad de Educación Musical que concluyó en 1990 y tiene la responsabilidad de formar unidades artísticas, tanto  con los infantes como con los trabajadores del centro, de esa manera  ha creado coros, danzas, grupos de música, solistas, dramatizaciones…

  “Difícil sí, este trabajo es muy difícil, admite sin titubeo, pero  gratificante, cuando una observa cómo aprenden, dejan de ser  huraños, participan con desenfado, memorizan textos sencillos,  canciones, versos  y destilan alegría por los cuatro costados.

   “Si pones todo el empeño con una alta dosis de amor, ternura y comprensión, puedes lograrlo; además de no cansarse, tampoco ponerse brava con ellos porque algo salga mal o no lo hagan como lo concebiste.

   “Me considero de las personas que tienen amor en el corazón y tal  virtud ha sido ideal para tener esa empatía con los niños, sé cómo  tratarlos cuando lloran porque papá o mamá los dejan a nuestro cuidado, tengo mucha paciencia para llegar a ellos y conquistarlos”.

Esta tenaz santiaguera ostenta la Distinción Por la Educación Cubana  como reconocimiento a sus méritos profesionales y haber contribuido  con su labor al enriquecimiento de la educación desde un ámbito tan peculiar como es el círculo infantil, donde ayuda a forjar los primeros  valores.

  Arelis Yudith  exhibe un espíritu de superación admirable, se graduó de Licenciada  en Educación Preescolar en 1996 y luego se hizo Máster en Ciencias de  la Educación, preparación que le ha servido para obtener excelentes resultados cursos tras cursos con evaluación de MB, además de tutorar a maestros en formación.

  A ella, que abrazó el magisterio por amor y vocación, y a quienes lo asumieron por necesidad y también sembraron; seguramente dedicó José de la Luz y Caballero su célebre frase: “Enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”.

   Gracias al empeño de unos y otros, este Día del Educador permite apreciar la colosal obra educacional de Cuba, la cual constituye una de sus principales conquistas, una verdadera joya en términos de derechos humanos, y que cada año se perfecciona, como propósito esencial de una Revolución muy celosa en la formación de las nuevas generaciones.

Por: Aída Quintero Dip.

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