Asela, vida fecunda y fundadora

Santiago de Cuba, 27 de ene. – A Asela de los Santos Tamayo, la destacada combatiente revolucionaria y pedagoga cubana que acaba de dejarnos a los 90 años, habrá que honrarla y evocarla siempre con las palabras del Maestro José Martí, como escritas para ella: ”La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

Es lo más atinado y justo que puede expresarse ante la desaparición física de una existencia tan fecunda, plena y fundadora, consagrada a las causas más nobles como la de contribuir a la libertad de la Patria primero, y después ser educadora, forjadora de las nuevas generaciones en los más puros ideales de la nación.

Hija querida de Santiago de Cuba, la tierra que la vio nacer y crecer en estoicismo en las luchas estudiantiles en la Universidad de Oriente, en el enfrentamiento al régimen de Batista durante el clandestinaje, junto a Frank País, Vilma Espín y otros valerosos jóvenes; o en el cumplimiento de riesgosas misiones, al llevar hacia la Sierra Maestra a los combatientes que iban a reforzar el Ejército Rebelde.

La intrépida muchacha que traía pistolas y balas bajo las faldas procedentes de Estados Unidos para la causa, con participación protagónica en el levantamiento armado de la indómita ciudad, el 30 de noviembre de 1956, para apoyar el desembarco del Granma; la misma que irradió felicidad al vestirse de guerrillera en el II Frente Oriental Frank País, al mando del entonces Comandante Raúl Castro.

Con la Revolución en el poder, en enero de 1959, no dio tregua al trabajo fecundo y creativo, demostrado al cumplir tareas en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fundar la Federación de Mujeres Cubanas junto a Fidel y Vilma, de la que llegó a ser Secretaria General; ser precursora de la Pedagogía en la islay pilar en el sector de Educación, en el que asumió la responsabilidad de Ministra en 1979.

Expresión de su lealtad y entrega sin límites a la obra revolucionaria, Asela integró en tres mandatos el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, del que fue fundadora; y se distinguió siempre por su vocación de servicio en el supremo interés de labrar un futuro mejor para la Patria.

Ferviente martiana y fidelista, amiga entrañable de Vilma, dulce, sencilla, tuvo el honor de recibir la Estrella de Heroínadel Trabajo de la República de Cuba y tambiénde exhibir en su pecho las órdenes Ana Betancourt y Mariana Grajales, de quienes supo heredar la grandeza.

A esta ejemplar mujer habrá que recordarla por sus aportes a la edificación del socialismo en Cuba, por su modestia, firmeza y compromiso con la justicia social, y el legado de perseverancia, honestidad y ética que dejó a las nuevas generaciones.

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