Baraguá, símbolo de hidalguía, que aún late en el alma de Cuba

Santiago de Cuba, 6 de oct.- El ejemplo de hidalguía de Antonio Maceo, ese hijo de Santiago de Cuba que el 15 de marzo de 1878 habló por todos los cubanos dignos, se ha acrecentado  siglo tras siglo para preservar la intransigencia revolucionaria alzada como bandera aquel día en que nació su viril protesta.

Mangos de Baraguá, suelo patrio escogido para tan gallardo episodio, glorifica su honra entrañablemente relacionado con un hecho político trascendental en la historia de la nación cubana, y se recuerda especialmente este año en que se celebra el aniversario 150 del inicio de las guerras de independencia.

Entre otros valores, encarna el enraizado sentimiento patriótico del pueblo que juró no ponerse nunca de rodillas, tras los pasos de las tropas mambisas y del Titán de Bronce, quien supo erguirse y adoptar una posición que salvó moralmente la Revolución.

En esta página significativa del bregar revolucionario resalta la figura de Maceo no solo como militar, antiesclavista y luchador incansable por la libertad de Cuba, sino el político brillante en que se convirtió, el hombre que tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo.

Al entrevistarse con el general español Arsenio Martínez Campos, máxima autoridad colonial en la Isla, el Mayor General del Ejército Libertador le manifestó su inconformidad con deponer las armas sin alcanzar la independencia y la erradicación de la esclavitud, dos sagrados objetivos  por los que tanto se había guerreado.

Gracias a tan altruista postura y a ese suceso valiente, oportuno y firme se consolidó el pensamiento revolucionario cubano y reafirmó la decisión y el compromiso de volver al campo de batalla para conquistar la libertad con el filo del machete.

La Protesta de Baraguá, “lo más glorioso de la historia de Cuba”, como la distinguió José Martí, y su legado tiene plena vigencia como única respuesta posible ante el bochornoso Pacto del Zanjón en aquel momento, que hoy sería ante cualquier injerencia que intente menoscabar la soberanía nacional.

No queremos paz sin independencia, fue la sabia advertencia de Antonio Maceo que dejó una herencia imperecedera para las nuevas generaciones de cómo hay que defenderse para ser verdaderamente dueños de su destino.

Los genuinos cubanos han aprendido bien esa útil lección que precisa ser asimilada por quienes se someten, socavan su soberanía, vulneran los principios y claudican ante las presiones del imperio.

Para Rolando Núñez Pichardo, especialista del Centro de Estudios Antonio Maceo de  Santiago de Cuba, Baraguá es la esencia de la nación cubana y un referente de cómo proceder ante determinadas circunstancias que puedan poner en riesgo la seguridad e integridad nacionales.

Líderes y héroes que actuaron en otras épocas también definitorias de la Patria, como el Comandante en Jefe Fidel Castro y el Comandante Ernesto Che Guevara fueron consecuentes con la memorable lección de Mangos de Baraguá, consideró Núñez Pichardo.

Por ejemplo, dijo, el Che haciendo alusión a este hecho notable de la historia de Cuba, plantea en diciembre de 1962, cuando concluye la Crisis de Octubre, que el pueblo entero fue un eterno Baraguá.

En el centenario de la Protesta de Baraguá, en 1978,  Fidel reafirmó ante el mundo la posición inclaudicable de la Revolución cubana y la firmeza de un pueblo que nunca se pondría de rodillas ante el criminal bloqueo de los Estados Unidos contra la Isla, recordó el especialista.

Este es un hecho que late aún en el alma de Cuba, al cual habrá que ir una y otra vez a beber de su savia y, especialmente, en este aniversario 150 del comienzo de las guerras de independencia, cuando se renueva la voluntad de luchar los veteranos y pinos nuevos para que Cuba siga libre y soberana. 

Por: Aída Quintero Dip.

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