Bocinas ambulantes, golpes al sentido común

Tomado de Cubadebate

Santiago de Cuba, 16 de feb.- Para quien decida tomar un ómnibus a cualquier hora del día resulta un peligro tener al lado una bocina ambulante y que además los dueños deseen imaginar que están en una discoteca.

Le aseguro que pasaría un mal rato. Y si a eso incluye temas musicales donde se recrea lo más execrable que se pudiera escuchar, tendrá deseos de lanzarse de la guagua al instante. Semejante situación he vivido con frecuencia en los últimos días y percibo que nadie le pone coto a este problema.

Y hasta donde he podido escuchar no pocos cubanos en los debates del proyecto de constitución abogan para que se tome medidas con las indisciplinas sociales que suceden en cualquier parte del territorio. Sin embargo esta de las bocinas ambulantes ya constituye un mal que se expande sin que haya nada que lo detenga.

Lamentablemente jóvenes en su mayoría suben al transporte, ya sea privado o estatal, y encienden estos equipos para según ellos alegrarse y simultáneamente atormentar a los demás. Quienes viajan miran con desprecio pero nadie reclama, se aguanta estoicamente hasta el final del viaje.

Esto sucede con frecuencia. Hay veces que 2 bocinas ambulantes se suman en una sola guagua y le hacen competencia a la música que pone el chofer que también pasa los decibeles permisibles. En esta jauría en la cual hace un tiempo estamos sumergidos convivimos en espera de que algo regule y detenga esta cuestión que no solo incurre en una indisciplina social sino en un atentado contra la salud de las personas.

En tiempos donde se define el futuro del país con la posible aprobación de una nueva carta magna, este es un tema, el del ruido que tiene preponderancia para la vida. Aunque lo más importante es que lo que se apruebe en todos los órdenes se haga cumplir, que no se vuelva una letra muerta en la cual indolentes puedan escudarse para dañar al prójimo.

Esperemos que este problema concerniente al ruido así como otros temas de interés capital para la sociedad encuentre amparo, una vez ratificada la nueva constitución, en el sistema de leyes que se apruebe en el país.

Por: Jorge Carlos Albear .

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