Cae la tarde

Santiago de Cuba, 29 de jun. – Cae la tarde y la ciudad se esconde. Hay quienes retornan de su trabajo, vuelven a casa tras el laboreo. Sus mujeres los reciben de muchos modos. Hay algunas pendientes de sus bolsos para ver que trajeron y engordar la cena. Otras ni de eso se ocupan, anuncian la comida con frases de cementerio y hay quienes te dan un abrazo. Estas cosas pasan.

Durante el día trabajas. Te molesta que otros no lo hagan y dilapiden el tiempo. Hay uno que no vino por lo de la lluvia, pero cuando hay que repartir algo está presente y discute  si no le otorgan lo que cree merecer. Lo miras de reojo. Te inquietan los pormenores, pero andas con tus dudas a cuesta y cuando tienes una oportunidad dices cosas duras.

Tomas el periódico y vuelves a leer lo leído. Ahora resulta que los patrocinadores de la Ley Helms-Burton, vuelen a declarar: no saben callarse. Ahora imponen nuevas sanciones: no le basta con los desperdicios y como tienen dinero, hacen y dicen cosas, sobre todo lo último. Te dan pena, pero lo que más te duele son los ingenuos de siempre, lo que creen cualquier cosa que le dicen.

Lamentas haber perdido la computadora. Tiene hijos que hiciste con el corazón; una hembra que salió buena y un varón; una mujer que te hace la vida difícil con sus quejas; tienes alumnos que preguntan de todo y, aunque a veces te alarman, le respondes y le agradeces que piensen. A veces pasas trabajo para entenderlos, pero siempre lo intentas.

Y tienes el barrio. Están tus amigos que se levantan bien temprano. Lo saludas al ir para el trabajo y al regresar. Siempre tienen algo que preguntar y tu algo que responder. Son gente tempranera: cuando sales en la mañana te brindan algo de alcohol y le dices que tienes que trabajar. Son amantes de los brindis, tienen mucha vida que bridar.

Son inquietos y cuando alguien necesita hacer cualquier cosa en su casa acuden en masa. Si hay que ayudar a acabar con algún bache de la calle, ayudan; si hay que cuidar la mercancía que trajeron para venderla mañana, cuidan: si se trata de alguien que se fue primero, lo acompañan en la funeraria: Tienen el don de estar.

A veces cuando regresas de la oficina apresuras el paso. Pero, de todos modos te llaman, son gente que no se resignar a esconderse y están atentos a lo que pasa en cualquier parte y, claro, en su país. Pablito, quien siempre te pido un cigarro y se lo das, te comenta y te pregunta si se atreverán a venir. Le das la mejor respuesta posible y te dices que estos embromadores sempiternos estarán listos si vienen, y no precisamente para darle la bienvenida.

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