Camilo Cienfuegos: Simpar Héroe de Cuba

Santiago de Cuba, 28 de oct.- Camilo Cienfuegos es el revolucionario que inspirará siempre y al que habrá que apelar cuando la Patria esté en peligro; servirán de estandarte las sentidas palabras de su último discurso, al citar los encendidos versos de Bonifacio Byrne:

Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos, alzando los brazos/ la sabrán defender todavía.

Bastaría la hazaña protagonizada por Camilo y sus compañeros de armas en el combate de Yaguajay, para que este hombre corajudo ocupe un lugar en la historia de Cuba, aunque ya él había escrito páginas de gloria para perpetuar su propia leyenda.

Una de las batallas más complejas durante la insurrección nacional, que duró 10 largos días, lo realzó a la categoría de Héroe, si bien esa condición la había ganado en otros tantos episodios en los que sobresalió por su arrojo y brilló como soldado y jefe.

En Yaguajay es un ídolo, allí hay un museo para glorificar tan insigne figura; allí lo recuerdan porque, a pesar de los avatares de la lucha, tuvo tiempo Camilo para conquistar el afecto de las personas humildes; dejó una estela de cariño a su paso por esa tierra, sobre todo, con los niños y niñas de las escuelas aledañas de entonces.

De notoria audacia, según testimonios de quienes lo conocieron, que se hizo temeraria al liderar la columna invasora Antonio Maceo, a quien veneraba desde niño, pues los afanes de independencia del guerrero, conmovió su estirpe de patriota.

Logrado el triunfo, otra de las hazañas que encumbró a Camilo fue su participación como jefe del Ejército ante la situación creada en Camagüey por la traición de Hubert Matos, en octubre de 1959; la misión confiada por Fidel entonces es muestra del carácter, integridad y lealtad del legendario guerrillero, devenido Comandante del Ejército Rebelde.

Cuando Fidel lo ascendió a ese grado que pocos combatientes lograron en los días difíciles de la guerra, quien más tarde fue bautizado como el Señor de la Vanguardia expresó que primero dejaría de ser, que dejar de ser fiel a la confianza del máximo líder de la Revolución, una frase que lo inmortalizó ante su pueblo.

Del Héroe de Yaguajay -que podría llamársele el Héroe de Cuba dijo Fidel- hay mil anécdotas de acuerdo con su carácter jaranero y jovial, de cubano típico que supo ser verdadero amigo y hermano de sus compañeros, especialmente del argentino Ernesto Che Guevara, a quien lo unió una amistad entrañable identificado por sólidos ideales.

Una de las más conocidas está relacionada con Fidel, cuando Camilo se negó a integrar un equipo de pelota contrario al del Comandante en Jefe, alegando que contra Fidel, él no estaba ni en la pelota, reflejo de que abrazó las mismas convicciones de aquel otro revolucionario simpar con el cual había simpatizado desde México, al enrolarse en la expedición del Granma, y luego en las acciones en la Sierra Maestra hasta el Primero de Enero.

Hombre atractivo, de cautivadora sonrisa, de dulce y penetrante mirada, no es difícil imaginarlo conquistando el amor de la enfermera salvadoreña Isabel Blandón, con quien contrajo matrimonio ni prodigando cariño a su madre Emilia o a su padre Ramón, en su corto pero fructífero paso por la vida.

Quiso ser escultor, pero tuvo que postergar sus sueños y ser mozo de limpieza, mensajero, pintor de brocha gorda, trabajar en una sastrería, emigrar a Estados Unidos en busca de mejor suerte, y hasta escribir artículos en un periódico para divulgar sus ideas.

Hoy puede afirmarse que hizo realidad sus anhelos: fue un arquitecto, un artista en la lucha guerrillera y en la edificación de una Patria nueva para el pueblo del cual surgió.

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