Cándida, enfermera que ayuda a salvar vidas en salón de urgencias en tiempos de COVID-19

Santiago de Cuba, 13 may (ACN) Desde marzo último, cuando se detectaron los primeros casos de COVID-19 en territorio cubano, la enfermera Cándida Palacios Bell ayuda a salvar vidas en el salón de urgencias del Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas, de la ciudad de Santiago de Cuba.

Actualmente esa unidad quirúrgica recibe no solo a pacientes que corresponden a la propia institución, sino también a los de otros hospitales como el Saturnino Lora (conocido popularmente como el Provincial) y el Dr. Ambrosio Grillo, del poblado de El Cobre, ambos en función ahora de la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus.

Son intensas las jornadas que vive allí para la atención de casos como politraumatizados, apendicitis, oclusión intestinal, extremas y muchos otros, por lo cual en las 12 horas de labor en el quirófano casi no hay un respiro.

Cándida Palacios Bell

Si Cándida no fuera de las imprescindibles en ese servicio, por sus conocimientos y habilidades, igual estaría en la primera línea en el enfrentamiento de la pandemia, por ser de esas mujeres batalladoras que siempre dan el paso al frente y que se crecen ante las adversidades.

Por muchos años fue parte del equipo de profesionales del salón central del Juan Bruno Zayas, hasta que en 2016 partió hacia la República Bolivariana de Venezuela.

A su regreso fue ubicada en la unidad de cirugía menor, hasta que hace dos meses pasó a la de urgencias, servicio vital para arrancar de la muerte a muchos.

Lleva 39 años en esa profesión, con una licenciatura en enfermería y un posbásico en unidad quirúrgica.

En pleno ejercicio la conocí cuando en julio de 2015 abrí los ojos luego de pasar el efecto de la anestesia por una cirugía, y lo primero que vi fue el rostro de una mujer morena, con algo más de 50 años de edad y vestida de verde de pies a cabeza.

Encontré en ella profesionalidad y un trato afable que mucho se agradece en esas difíciles circunstancias y, desde entonces, se convirtió de enfermera en amiga. Hemos compartido cumpleaños, días especiales por el fin de año y muchos otros momentos.

Cuando marchó a Venezuela hasta me dije: ¡Qué me hago sin Cándida!, pues la consideraba parte de mi familia y como tal estaba siempre presta a ayudar en cualquier situación de salud.

A su regreso conocí de su primera experiencia en el exterior y compartí la alegría por su nieta Sandra, que pudo cargar meses después de llegar al mundo.

Los aplausos de las nueve de la noche para los médicos, enfermeras, trabajadores de la salud y de otros sectores con importantes tareas en la COVID-19 son también para Cándida Palacios Bell y todo el ejército de batas blancas que en cualquier rincón de Cuba lucha por la vida de los pacientes desde otros frentes.

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