Canto a Fidel también desde la caricatura

El conmovedor Canto a Fidel, de la poeta matancera Carilda Oliver Labra, ya fallecida, es una de las obras épicas consagradas al líder histórico de la Revolución Cubana más reconocido y que mucho ha perdurado en la memoria del pueblo.

  No voy a nombrar a Oriente,/ no voy a nombrar la Sierra,/ no voy a nombrar la guerra/ -penosa luz diferente-,/ no voy a nombrar la frente,/  la frente sin un cordel,/  la frente para el laurel,/ la frente de plomo y uvas,/ voy a nombrar toda Cuba, / voy a nombrar a Fidel.

  Otras manifestaciones del arte también se han inspirado en el hombre que impregnó de luz el primero de enero de 1959,  cuando la Patria se hizo alborada de la libertad, para darle renovadas energías, motivaciones y esperanza a su pueblo.

  Con el fulgor de un sol ardiente o de una luna llena, sus palabras y acciones calaron corazones, movilizaron multitudes y dejaron huellas en cada momento  vivido por Cuba en estos difíciles y edificantes tiempos de Revolución en el poder.

  Como protagonista de transformaciones y avances, el Comandante en Jefe ha sido el principal modelo para las nuevas generaciones y el más audaz visionario seguido por millones en esta obra altruista y digna, faro y ejemplo para el mundo entero.

  El jefe rebelde hizo historia en el Antiguo Ayuntamiento, el día de la victoria de enero, para añadirle gloria a la brava urbe de Santiago de Cuba, que años después condecoró con la Estrella que simboliza el Título Honorífico de Ciudad Héroe de la República de Cuba y con la Orden Antonio Maceo.

  En la zafra azucarera del pueblo solía verse a Fidel machete en manos retando cañaverales; en la habanera plaza de José Martí, de todos los cubanos, su verbo vibraba defendiendo principios, reafirmando verdades, denunciando injusticias y sembrando valores.  

   Son imágenes de un líder y de su Revolución grabadas en las pupilas del caricaturista santiaguero Román Emilio Pérez López, Chicho como se le conoce, quien con su fino humor criollo ha graficado a Fidel de disímiles formas con predominio del color verde olivo de su entrañable traje.

  Este artista ha reflejado con su pincel tanto al audaz revolucionario que desembarcó en el yate Granma y vaticinó que en 1956 seríamos libres o mártires, que a quien hizo ondear la Bandera de la Estrella Solitaria en lo más alto junto a los fusiles para proclamar el carácter socialista de la Revolución cubana.

  El mismo que estuvo en la primera fila de las marchas del pueblo combatiente contra el criminal bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra la isla, y expresó en las Naciones Unidas que hay que luchar por un mundo mejor, porque eso es posible.

 Al timonel de los asaltantes al Cuartel Moncada, el mejor discípulo de José Martí, que como el Héroe Nacional creyó que el alimento natural de la mujer es lo extraordinario, por eso no se cansó de combatir y trabajar para que disfrutaran de la justicia, igualdad y equidad merecidas.

 Chicho pensaba que no había logrado reflejar en su obra todo el hechizo que este irreductible cubano ha ejercido en el pueblo y más allá de las fronteras nacionales, pero se sintió feliz de haberle hecho un homenaje con su modesto arte.

Contó con hermosas vivencias de Fidel desde que con apenas cinco años, y en  el hombro de su padre, vivió en las calles de Santiago de Cuba la algarabía por el triunfo revolucionario, cuando la gente lloraba, reía y la inmensa alegría contagiaba.

 Dijo que, modestamente, con su arte quiso perpetuar la imagen de Fidel y la historia de la Revolución con la que había crecido, ya que atesoraba testimonios cercanos, por ejemplo, su hermana alfabetizó y amigos suyos combatieron muy jóvenes en Playa Girón, y todos esos hechos convergían en Fidel.

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