Carlos Manuel de Céspedes: el cubano de dignidad.

Santiago de Cuba, 27 de feb. -Es en  este lugar, frente al Panteón de Carlos Manuel de Céspedes,  donde santiagueros y santiagueras podrán al pasar,  rendirle el merecido homenaje este día al hombre que  hace 145 años   cayó en desigual combate frente al Ejército español en San Lorenzo, al bayamés  que se adelantó a su época, y sin importarle su posición social, se convirtió en el primer cubano que  dio inicio a  la lucha  por la Independencia de Cuba,

Como cada año, esta mañana una representación del pueblo de Santiago de Cuba  se concentró frente a la tumba donde están custodiados los restos del Padre de la Patria  y apreciaron la ceremonia que en nombre de toda Cuba, se le tributó  a Céspedes, quien se convirtió en leyenda desde  que en  aquel 10 de Octubre de 1868, diera la libertad a sus esclavos y fuera a la manigua a defender sus ideales de libertad para Cuba,  y de igualdad para los hombres de cualquier raza.

Este  sitio  del homenaje,  el área patrimonial central del cementerio Santa Ifigenia, fue  el lugar escogido para el cuarto enterramiento de Carlos Manuel de Céspedes,  quien   permanece  ahora, junto a Mariana Grajales, José Martí y Fidel Castro, los padres fundadores de la nación cubana.

Esta ciudad tiene el privilegio de  contar con un camposanto que por su historia, es Monumento Nacional y uno de los primeros patriotas que tuvo su   entierro  en este lugar fue Céspedes, quien  comenzó su peregrinar  el mismo día en que   la Asamblea Constituyente de Guáimaro  lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

Así lo expresó Eusebio Leal Spengler en su discurso del 10 de Octubre de 2017:

Peregrino detrás de la Cámara, viviendo ya en absoluta pobreza, despojado de todo bien material, algunos que le ven en aquellos días finales de su vida lo consideran un anciano.

El “viejo Presidente” sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (Señala), está el sitio.  Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. “Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí”. Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes. Poco pudo hacer el prefecto, ni tampoco los que se encontraban en el sitio, ni su hijo que había salido a realizar gestiones próximas. Pronto, cerca de la charca donde solía bañarse todas las mañanas, su caballo Telémaco, herido de muerte, cayó sobre aquel sitio. Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

 Si bien Carlos Manuel de Céspedes es bayamés de nacimiento,  y en su ciudad natal se le rinden honores, a los santiagueros nos enorgullece tener aquí  la tumba de quien llegó  al cementerio  en 1874 en un carretón llamado Lola para ser enterrado en una fosa común y borrar así su ejemplo. 

 Pero hombres dignos lo cuidaron y protegieron hasta que lo dignificaron  aquel  7 de diciembre de 1910,  en que  luego de una   manifestación   los restos de Céspedes fueron exhumados  de su segundo entierro y trasladados hasta el edificio gubernamental   donde se le rindió honores.

  A las cuatro de la tarde   una comitiva de veteranos, patriotas y estudiantes   con bandas,  tambores y una gran  bandera, marcharon junto a los restos del Padre de la Patria hasta ser inhumado  por tercera ocasión  en el  mausoleo  que se construyó por iniciativa de Emilio Bacardí y con el apoyo de emigrados cubanos Masones residentes en Jamaica.

Así  es como se logran  conservar hasta hoy los restos del insigne mambí, del hombre que prendió la llama de la insurrección criolla, y mostró que solo quien muere con  dignidad  merece tener  Patria.

Lugar del segundo enterramiento donde ahora hay una palma.
Lugar del tercer enterramiento.

Por :  Agustina Bell Bell.

 

 

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