Celia vive en el recuerdo del pueblo

Santiago de Cuba, 6 de may. – La Heroína Celia Sánchez Manduley ocupa un sitio privilegiado en el corazón del pueblo, en particular de los santiagueros y de la heroica ciudad, donde se le evoca en su tiempo de intrépida luchadora clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista, cuando se llamaba Norma y era brazo derecho de Frank País.

Nacida en Media Luna, Manzanillo, el 9 de mayo de 1920, la primera guerrillera de la Sierra Maestra mantuvo estrechos vínculos con la urbe de Santiago de Cuba, en época del combate silencioso contra el enemigo en busca de la soñada libertad para su Patria, junto a Haydée  Santamaría, Vilma Espín, Armando Hart, entre otros valerosos revolucionarios.

En fechas como esta es tradicional rememorar su vida y su obra, colocarle flores frescas, como tanto le gustaban, ante el busto erigido a su memoria en el Complejo Textil Celia Sánchez Manduley, con lo cual se rinde tributo a la genuina luchadora del Ejército Rebelde en el aniversario 99 de su natalicio.

Como parte del homenaje en esta tierra que la vio crecer en estoicismo, invariablemente ingresa un grupo de jóvenes a las filas de la Federación de Mujeres Cubanas, quienes expresan su orgullo de ser federada en un día de especial evocación a la legendaria combatiente, y su compromiso de dar continuidad al trabajo de la organización.

Si bien Celia tuvo un papel protagónico en pos de lograr la definitiva libertad de Cuba, prominente resultó también su labor en la Revolución en el poder tras la victoria del primero de enero de 1959, cuando fue clave en la consolidación del proceso y en el cumplimiento de tareas para el avance del país.

El periodista Osviel Castro Medel, de Granma, la tierra natal de la Heroína, destacó en una ocasión que cuando las circunstancias exigían lo increíble, llegaba ella para edificarlo, al resaltar las virtudes de esta singular mujer que se convirtió en la primera de ropa verde olivo en todo un ejército de barbudos soñadores.

Y agregaba: “Cuando al líder de la nación le apremiaba resolver un asunto perentorio, allí estaba ella, nunca como sombra, sino como luz, allanando el camino.

“Cuando era imprescindible el detalle, allí estaba ella porque había venido del detalle mismo. Siempre tenía una cuota de su agitado reloj para atender la llamada en la madrugada, para acopiar el papelito aparentemente intrascendente que después haría historia, para cuidar decenas de hijos adoptivos que bajaron de lejanas montañas”.

Meida Cueto Pineda, una veterana federada santiaguera, dijo que en el tributo a la destacada revolucionaria está el respeto y admiración que le profesa  su pueblo a quien combatió en el llano, en la sierra y fue pilar en la vida y desarrollo de la nueva nación, tras la victoria de 1959.

Una de las virtudes que más distinguió a la Heroína, subrayó Cueto Pineda,  fue su fidelidad al líder histórico Fidel Castro y al proceso, al que se consagró y sirvió hasta su muerte, ocurrida el 11 de enero de 1980, cuando Armando Hart Dávalos la definiera como “Hermosa y autóctona  flor de la Revolución».

Hoy se le recuerda especialmente en cada centro de trabajo, escuela, hospital, cooperativa, organización de base de la FMC o de los Comités de Defensa de la Revolución  que llevan el nombre de esta genuina luchadora por la libertad de Cuba, fiel colaboradora de Fidel.

La joven jurista, Celia Araújo, profesora de la Universidad de Oriente, manifestó que se honra con tener el mismo nombre de una de las personalidades más prominentes y seductoras de la historia de la nación, sencilla, humana y, sobre todo, muy querida por el pueblo.

Son aleccionadoras las anécdotas que he escuchado sobre ella, por ejemplo, cuando se construyó una barriga de embarazada para burlarse de una persecución enemiga, o se escondió en un nutrido marabuzal que le clavó decenas de espinas en la cabeza con tal de salvar los secretos de la guerra, precisó Araújo.

Ana Celia Pardo, de las nuevas generaciones de médicos formados por la Revolución, manifestó que su mamá y otros familiares sienten orgullo de que ella siga el ejemplo de Celia Sánchez,  al estar profundamente comprometida con su tiempo, con la Patria y la Revolución que la Heroína ayudó a forjar.

Considerada una de las personalidades más queridas del pueblo cubano, Celia Sánchez Manduley trabajó con humildad y diligencia durante 23 años al lado del Comandante en Jefe Fidel Castro, y falleció en La Habana el 11 de enero de 1980, después de dejar una obra imperecedera al servicio de su país.   

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