Che: ¿El golpe suave o el golpe bajo?

Santiago de Cuba, 21 de ene. -En fecha tan temprana como el 8 de marzo de 1961 el Che, en su discurso en el Encuentro Nacional Azucarero, celebrado en Santa Clara, advertía: “Estamos en una guerra, una guerra fría como le llaman: no hay línea de frente, donde no hay bombardeos continuos, pero donde los dos adversarios, este diminuto campeón del Caribe y la inmensa hiena imperialista, están frente a frente, y saben que uno de los dos va a morir en la pelea”.Eran losinicios del golpe blando o mejor, del golpe bajo.

Hace medio siglo de la expresión de este criterio y la realidad en el actual contexto cubano no es igual en la forma, pero sí en su esencia puesla pretensión imperialista es la misma: acabar con la Revolución. Laconducta del gobierno de Trump, que finalmente pasa a mejor vida, es una prueba evidente. El Che señalaba con su habitual luz larga: “Ellos saben que cuando los pueblos no pueden ser destruidos en una lucha frontal, hay otros medios que se pueden intentar: que se puede intentar la división; que se puede empezar   a sembrar el descontento; y que se puede empezar a sembrar el miedo”. Palabras que parecen pronunciadas para ilustrar la Cuba de hoy. Los nuevosintentos son reminiscenciasactualizadas: saben que por otros medios no pueden.

Hay una realidad. La contrarrevolución o un sector de ella cambia de ropaje, viste ahora undiscursomás elegante y elaborado, menos agresivo aunque la violencia está latente; recluta a jóvenes, a personas del ámbitode la cultura o vinculados con espacios donde las inquietudes son más proclives a prosperar. No los menospreciemos. Tienen asesores que toman nota de chascos anteriores, analizanlo conseguido en otros lares con tácticas más inteligentes que la incitación a la violencia descarnada que acá no resulta. Acumulan experiencias, sacan lecciones –el inventario de derrotas le permiteescoger-, disponen de medios tecnológicosy, claro, de la contaminada tecnología del dinero, infaltable en el golpe bajo.

El guerrillero, el diplomático, desconfiaba: en el imperialismo no podemos confiar ni un tantico así, reiteraba. Hay que tener claras las cuentas y diferenciar las tácticas, que suelen ser cambiantes, de las estrategias que suelen ser permanentes. Ya se sabe, cuando el imperialismo cede debemosrecelar porque la médula de sus intenciones no ha variado: ahora insisten en el cambio derégimen conguiones utilizados en otras latitudes. Además, el denominado golpe suave o blando puede combinarse con la violencia: los amos tiene seguidores dispuestos; dealgún modotienen que justificar el salario.

Cuando el Che combatía desde la diplomacia al mercenarismo- y lo hizo en varias ocasiones, entre ellas en reuniones de la ONU y la OEA-, era enfático. Tenía un fuerte sentido de la crítica, sabía ser indulgente pero, cuando se trataba de principios, de los valores de la Revolución, era intransigente, y este es el caso.Imaginamos cómo habría atacadoa estos nuevos “luchadores por la libertad” que tienen tresdesventajas: ni non tan nuevos, ni nadie entiende a que libertad se refieren,y está el problema mayor: para quebrar la unidad del cubano no basta con los ardides propios del repertorio desestabilizador; cuando se trata de proteger launidad,son muy pocos los que se dejan engatusar.

El anexionismo es un poliedro, tiene varias caras, pero suesencia es inmutable, es su parte sincera, si en este tema se puede hablar de sinceridad. Es verdad que a veces somosdescuidados en nuestros decires y en nuestras acciones y que mucha gente pierde la percepción de riesgo ante fenómenos como la Covid-19o arriesgan opiniones muy discutibles cuando hablan sobre tareas como el ordenamiento. Pero, si se trata de la política, de la unidad en torno a la Revolución, hay que contar con la mayoría que es muy difícil de engañar; y ello lo saben, por eso extreman sus cuidados; nosotros no podemos dejarde actuar con la misma inteligencia.

Subestimar al enemigo confiadosen nuestra fuerza es una mala estrategia. Ahí están los últimos coletazos de la administración Trump. Como si no le bastara con el rechazo suscitado por instigar a la violencia en los vergonzosos sucesos del pasado 6 de enero; como si no le bastara, incluyen a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, decisión arbitraria que si no fuera por sus secuelas motivaría a la risa. Condenan a un país insignia en el internacionalismo – ahí está la solidaridad raigaldel contingente médico Henry Reeve, para solo citar un ejemplo. Esta actitud refleja la debilidad imperial: al tomar una decisión prepotente perjudican a la Isla, pero también se afectan ellos, se aíslanaúnmás.

Washington se militariza. Por temor a que se repitan situaciones violentas como las que culminaron con la toma del Capitolio, el Gobierno moviliza a más de 20 mil efectivos para contener las manifestaciones anunciadas por la turba seguidora del extinto Trump. Al paso que van las cosas los Estados Unidos tendrán que reconsiderar la inclusión de Cuba en el grupo de países que auspician el terrorismo -rechazada incluso por el New York Times-, dejar tranquilos a los demás y poner a la cabeza de la lista a un país llamado Estados Unidos. Sería una vergüenza, pero el nuevo listado parecería más creíble.

Retomo el discurso de hace casi 60 años, porque lo dicho por el Guerrillero Heroico parece un pronunciamiento de hoy. El Che, en 1961, nos alertaba sobre los intentos de subvertir la Revolución; pero sus palabras se amoldan a nuestro aquí y ahora donde la contrarrevolución puede entenderse también como un intento de desviarnos de nuestra estrategia mayor: la construcción de un socialismopróspero y sostenible. Digámoslo con sus palabras:“Enuna guerra larga, torva  y a muerte como esta, se vence  poniendo todos los días el hombro en el trabajo, mejorando la forma de trabajo, produciendo más, supliendo la carencia a que nos obliga el enemigo con  nuevos intentos de pueblo”.

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